El poder como laberinto sin fin

Siguiendo con la historia del ingeniero, Kundera explica que éste se ve enfrentado a un laberinto sin fin:

Nunca alcanzará el final de sus infinitos corredores y jamás llegará a saber quién formuló la sentencia fatal. Está, por tanto, en la misma situación que Josef K ante el tribunal o el agrimensor K ante el castillo. Están todos en un mundo que es una única inmensa institución laberíntica a la que no pueden sustraerse y a la que no pueden comprender.

Sigue Kundera explicando que los novelistas anteriores a Kafka mostraban las instituciones como un cúmulo de intereses personales y sociales. El caso de Kafka, sin embargo, es diferente:

La institución es un mecanismo que obedece a sus propias leyes programadas ya no se sabe por quién ni cuándo, que no tienen nada que ver con los intereses humanos y que, por lo tanto, son inteligibles.

En Brazil, Sam Lowry forma parte de ese inmenso laberinto burocrático del que, por cierto, es una pieza muy eficiente. No se ha planteado nunca ninguna pregunta y siempre se ha sentido feliz con su humilde puesto de trabajo. La aparición, sin embargo, de su adorada Jill en su vida cotidiana le hará abandonar su placidez para encararse por vez primera con ese inmenso laberinto en que se ha convertido Obtención de Información.

Obtención de Información es un edificio imponente e intimidatorio formado por muchos pasillos e incontables puertas. Detrás de una de ellas tendrá Sam su pequeño despacho desde donde inicia su búsqueda de información de su amada. Lowry utiliza los ordenadores que ponen a su servicio para comenzar a investigar y visita luego a su amigo Jack Lint que le recibe con su impoluta bata manchada de sangre.

Tanto Josef K como el propio Sam Lowry van superando etapa tras etapa ignorando que la única salida del laberinto en el que se han metido estriba en su propia muerte. Como Teseo, Sam Lowry se introduce en el laberinto del minotauro confiando, no en un ovillo de hilo que le guíe por sus pasillos, sino el la vagarosa esperanza entrevista en sus sueños nocturnos. No es de extrañar que la realidad todopoderosa acabe aplastando a este intrépido soñador que se introduce en sus fauces.

Luis Izquierdo, a propósito de la “Fabulilla” sobre el ratón y el gato incluido en La muralla china, escribe:

Todo el monólogo del ratón es una “propuesta” literaria, la gratuita divagación de un solitario que ensimismadamente delira y se ve abocado a la trampa. Pero la trampa es lo que no ve, precisamente. La trampa es el gato. La trampa es la realidad. Lo que hay es lo que nos equivoca con respecto a lo que soñamos.

Este ratón despistado que otear el horizonte mientras se cierne sobre él la amenazadora sombra del gato es el propio Sam Lowry que da sus primeros pasos por los despachos de Obtención de Información.

El error desencadenante

El siguiente aspecto tratado por Kundera es el error desencadenante de la acción que pone en marcha la cadena de malentendidos. En El castillo, K, por ejemplo, acude al pueblo con una invitación para desempeñar su oficio de agrimensor. La invitación, sin embargo, no es más que un error burocrático ya que en la aldea no se necesita ningún agrimensor. De esta manera, su presencia allí no es más que un error.

El malentendido inicial también se halla presente en la película de Gilliam: Un insecto aplastado causa un cambio que provocará una detención equivocada; ésta acabará con la muerte del detenido.

Sam Lowry habrá de hacerse cargo de todo el papeleo derivado de este error burocrático y será cuestión de tiempo que se cruce con su adorada Jill que fue testigo de la detención errónea. De esta manera ambos se verán envueltos en un torbellino sin salida.

Dos errores empujan a los protagonistas- K y Sam- a una espiral que se ha desencadenado aparentemente sin ninguna razón. Es cierto que, en el caso de Sam, los espectadores conocemos el hecho casual que provoca la acción, pero lo que importa es que Sam Lowry lo ignora y lo único que puede hacer es moverse de aquí para allá como un animalillo asustado. Elías Canetti en su ensayo sobre El proceso explica de manera muy lúcida esta sensación de desamparo ante lo que no se conoce. Primero transcribe una carte de Kafka a Max Brod y luego pasa a comentar el texto. Por su interés creemos que vale la pena transcribir íntegro el pasaje:

En el curso de un paseo mi perro descubrió un topo que quería cruzar la calle. Se puso a saltarle encima, soltándolo una y otra vez, pues todavía es cachorro y temeroso. Al principio la escena me divirtió y ante todo me agradó la excitación del topo, que buscó un agujero en el duro suelo de la calle, desesperada e inútilmente. Pero de pronto el perro le volvió a pegar con su pata extendida y el animal chilló. Ks, kss, así chilló. Y entonces tuve la sensación…No, no tuve ninguna sensación. Sólo fue una ilusión, pues aquel día anduve con la cabeza tan pesadamente agachada que por la noche advertí que el mentón había arraigado en mi pecho.

A continuación viene el comentario de Canetti:

Cabe observar que el perro que persiguió al topo era el perro de Kafka, y él su amo. Pero para el topo que, muerto de miedo, busca en la dura calle un agujero donde refugiarse, Kafka no existe; el animal sólo tiene miedo del perro y sus sentidos sólo son receptivos para éste. Kafka, que domina majestuosamente todo en virtud de su postura vertical, su talla y su posesión del perro, que nunca podría amenazarle, se ríe primero de los desesperados e inútiles movimientos del topo. Éste no imagina que podría dirigirse a él en petición de ayuda; no ha aprendido a rezar, y sólo es capaz de emitir pequeños chillidos. Son lo único capaz de conmover al dios, lo supremo, la culminación del poder, y en el presente caso el dios incluso está presente. [8]

Como el asustado topo, los personajes de Kafka se ven vapuleados por un poder superior del que ignoran las motivaciones y al que interpelan sin recibr respuesta alguna. Sam Lowry creía conocer el extraño lenguaje de esta divinidad omnipotente pero como K y Josef K termina por sucumbir sin que su habilidad burocrática le sirva de nada. “¿Qué palabras u oraciones debo pronunciar para escapar de este terrible destino?” debía pensar Lowry a medida que su búsqueda se iba transformando en pesadilla.

La deificación del poder

El poder omnipotente que se abate sobre los indefensos individuos es, por lo tanto, inalcanzable.

Es como si existiesen dos planos separados entre sí: la realidad cotidiana que no es más que una pura ilusión y la verdadera realidad, la del poder que mueve los hilos. Milan Kundera explica el tema de la siguiente manera:

En el mundo kafkiano, el expediente se asemeja a la idea platónica. Represente la auténtica realidad, mientras que la existencia física del hombre no es más que el reflejo proyectado sobre la pantalla de las ilusiones.

Y sigue más adelante:

Si la vida del hombre no es más que una sombra y si la auténtica realidad se encuentra en otra parte, en lo inaccesible, en lo inhumano y sobrehumano, entramos en la teología. [10]

Sam Lowry, sin embargo, logrará aprovechar el aspecto “ideal” de documentos y expedientes para salvar a Hill Layton. Tiene la idea de manipular los papeles de su amada para hacerla pasar por muerta y así arrancarla a los tentáculos del poder. “Tú ya no vives. Te he matado. Anulada, ¿lo ves?. Hill Layton ha muerto” le explicará en una de las pocas escenas felices de la película. Esta treta, sin embargo, se nada habrá de servir cuando el poder omnímodo haga su brutal irrupción en el lecho donde han pasado su noche de amor.

Lo horrible de lo cómico

Cuando Kundera comenta el carácter de broma que tiene la historia del ingeniero praguense pasa a hablar del principio de El proceso:

Dos señores cualesquiera (…) sorprenden una mañana a Josef K, en su cama, le dicen que está detenido y se toman su desayuno. K, cual funcionario bien disciplinado que es, en lugar de echarlos de su apartamento, se defiende largamente ante ellos, en camisón. Cuando Kafka leyó a sus amigos el primer capítulo de su novela, todos rieron, incluido el autor.

Kundera nos explica seguidamente que lo cómico es la esencia de lo kafkiano; el ingeniero K o Josef K se encuentran encerrados en la broma de su propia vida; broma, sin embargo, que sólo lo es vista desde fuera pues la víctima lo único que experimenta es lo horrible de lo cómico. Como añade Kundera:

Lo cómico no representa un contrapunto de lo trágico (lo tragicómico) como ocurre en Shakespeare; no está ahí para hacer lo trágico más soportable gracias a la ligereza del tono; no acompaña lo trágico, no, lo destruye antes que nazca privando así a las víctimas del único consuelo que les cabría aún esperar: el que se encuentra en la grandeza (auténtica o supuesta) de la tragedia. El ingeniero ha perdido su patria y todo el auditorio ríe.

A propósito de lo tragicómico resulta interesante transcribir otro momento de la entrevista a Terry Gilliam en Positif:

-En “Bandits, bandits”, como en “Jabberwocky”, usted jugaba con la imagen de Monty Pitón, con la expectativa que produce, para ofrecer una cosa completamente diferente. “Bandits, bandits” empieza como una comedia alocada, llena de guiños satíricos, y va virando poco a poco hacia la leyenda, el cuento de hadas.
-Me alegro que diga esto porque yo encuentro todas mis películas muy románticas. “Jabberwocky” lo era, “Brazil” lo es también. Todas empiezan como comedias y viran hacia el romanticismo, o lo trágico a veces. Me gusta hecer películas extrañas, pero hay momentos en que el tono de comedia no es suficiente, y me gusta mezclar.
-Pero usted comienza siempre con el tono de comedia.
-Como en la vida ¿no?. Ésta empieza alegre, y, a medida que envejecemos, todo se vuelve más oscuro, terrible, peligroso.

Un poco más adelante, en esta misma entrevista, Gilliam comenta que esta transición de lo cómico a lo trágico no sólo se da entre película y película sino que también se produce en el seno de una misma película. Brazil es un claro ejemplo de ello y sus escenas burlescas e irónicas son innumerables. La anécdota, sin embargo, no es en absoluto divertida, en especial para Sam Lowry, y es aquí cuando llegamos a algo parecido al humor terrible de las narraciones kafkianas. Baste poner como ejemplo una escena de la película cuando Sam, prisionero ya y amordazado, recibe innumerables visitas que le acosan con preguntas. Una de ellas es de la de superior que, vestido de Santa Claus, le aconseja que se olvide de sus ideas y abandone toda resistencia.

Para los espectadores la imagen del anciano disfrazado sermoneando a Sam resulta ridícula e incluso graciosa. Para Lowry se trata de una aparición grotesca y terrible. Los propios fontaneros e incluso el torturador Jack Lint están tratados como personajes cómicos, no en vano son los representantes de un orden grotesco y sin sentido. Como bufones de un rey caprichoso acosan a Sam y, mientras él siente miedo, los espectadores ríen sus gracias.

El totalitarismo

En el capítulo tercero de sus reflexiones en torno a Kafka, Kundera comenta las distintas tendencias que producen lo kafkiano:

1) La concentración progresiva del poder que tiende a divinizarse.

2) La burocratización de la actividad social y el laberinto sin fin en que se transforman las instituciones.

3) La consiguiente despersonalización del individuo.

En palabras del propio Kundera:

Los Estados totalitarios, en tanto que concentración más extrema de estas tendencias, han puesto en evidencia la estrecha relación entre las novelas de Kafka y la vida real.

Y sobre este tema sigue más adelante:

La sociedad totalitaria, sobre todo en sus versiones extremas, tiende a abolir la frontera entre lo público y lo privado, el poder, que se hace cada vez más opaco, exige que la vida de los ciudadanos sea siempre más transparente. Este ideal de vida sin secretos corresponde al de una familia ejemplar: un ciudadano no tiene derecho a disimular nada ante el Partido o el Estado, lo mismo que un niño no tiene derecho al secreto frente a su padre o su madre.

La película de Gilliam se abre, precisamente, con una interesante entrevista al Viceministro del Ministerio de Interior donde queda patente la importancia del control total que ejerce el Estado sobre los ciudadanos. El presentador televisivo comenta a su contertulio:

Hay quines opinan que el Ministerio de Información se ha hecho demasiado grande y burocrático.

Y responde el Viceministro:

David, en una sociedad libre la información es fundamental.

La respuesta, aparte del cinismo que demuestra al calificar de “libre” la sociedad totalitaria que nos presente Gilliam, nos presenta a un Viceministro que sabe muy bien lo que dice. Efectivamente, para la supervivencia del estado policial que impera a sus anchas, es imprescindible controlar a todos los ciudadanos para sofocar cualquier intento de revolución. “La información es la llave de la prosperidad”, veremos en un rótulo, pero ¿la prosperidad de quién?. Además, Gilliam acentúa la ironía al mostrarnos junto al letrero a un militar que enseña un arma a una monja y le explica:

Esto, hermana, es un subfusil de 9 milímetros que se usa para la lacha cuerpo a cuerpo.

La ironía se repite cuando el director de la película nos muestra al pie de una colosal e intimidatorio estatua la frase:

La verdad os hará libres.

No es de extrañar, por lo tanto, que el poder establecido invada la intimidad de los ciudadanos para preservar el control. En Brazil las fuerzas policiales invaden la sala de estar de una familia mientras un niño juega junto a sus padres que miran la televisión. De la misma manera, después de pasar la noche juntos, Sam y Jill son despertados por agentes de policía que les rodean en la cama para hacerles prisioneros. Incluso los fontaneros, respaldados por los Servicios Centrales, invaden las casas particulares para reparar averías.

Tanto policías como militares o fontaneros son todopoderosos porque están respaldados por el poder invisible del Estado que justifica cualquier actuación por absurda que sea.

Un mundo burocrático

En el sexto capítulo de sus reflexiones sobre Kafka, Kundera nos habla de las prácticas microsociales que producen lo kafkiano y, junto al ámbito familiar, coloca el mundo de la oficina. Efectivamente, el propio Samsa en La metamorfosis es un funcionario que, al verse convertido en insecto, lo primero que piensa es cómo va a llegar a la oficina. Todos los protagonistas de las novelas de Kafka son funcionarios acostumbrados a la obediencia y disciplina propias de sus empleos. Kundera esquematiza este mundo burocrático de la siguiente manera:

1) Es el mundo de la obediencia. No hay libertad de acción, no hay iniciativa ni invención.

2) Es el mundo de los gestos mecánicos. Los funcionarios realizan sólo una parte de la gran acción administrativa e ignoran el sentido de lo que hacen.

3) El mundo funcionarial es el mundo de lo abstracto. Los funcionarios sólo tiene relación con anónimos y expedientes.

Sam Lowry, como los protagonistas de Kafka, también es un funcionario, y además un funcionario ejemplar. Es feliz con su humilde empleo, aunque podría aspirar a mucho más, y nunca ha cuestionado el inmenso sistema del cual es pieza insignificante. Sólo por amor a Hill se enfrentará al Poder que, como la Hidra de múltiples cabezas, no puede ser vencido.

La primera aparición de Sam en la película sucede después de una escena en la que los funcionarios parecen bailar nerviosamente al ritmo de “Brazil”. La cámara, colocada a la altura de un ser humano, serpentea y se entremezcla en el constante hormiguear del personal. Desde lo alto, Mr.Kurtzman mira su reloj, entra en su despacho y llama a Sam Lowry. Lowry entiende el mundo abstracto de los formularios y Kurtzman, que por otra parte no es muy listo, necesita frecuentemente la ayuda de su joven empleado. Éste, contento con su suerte, sólo abandonará al incompetente que tiene por jefe espoleado por su deseo de Hill.

La misma Jill Layton tendrá una escena en la película que la enfrentará a este mundo abstracto de expedientes y formularios. Así, cuando acude al Ministerio para pedir información sobre la detención errónea que ha presenciado, entabla un diálogo con un funcionario que resulta muy significativo de la jerga burocrática:

-El siguiente.
-Quiero denunciar una detención equivocada.
-Vaya a Reajustes de Información. Es otro departamento.
Vengo de Reajustes de Información. Allí me mandaron aquí. Tendo que rellenar el impreso que me darán ustedes.
-¿Tiene el recibo de la detención?
-Sí.
-¿Está sellado?
-¿Sellado?
-No, no lleva ningún sello, lo ve. No puedo entregarle el impreso hasta que le pongan el sello.
-¿Y dónde me lo ponen?
-En Reajustes de Información.

Como es evidente, la pobre Jill Layton no va a conseguir desenredar la madeja que tiene ante sí. Sam Lowry, por el contrario, para rechazar la violenta irrupción de dos fontaneros de los Servicios Centrales, se agarra a los formulismos que tan bien conoce; exige a los invasores un 27B/6 y los dos fontaneros no tienen más remedio que replegarse y posponer su invasión.

El terrorista Tuttle, en cambio, aún siendo fontanero como los de los Servicios Centrales, ama la vida de acción y exclama:

Todo el país está cuadriculado, no te puedes mover sin formularios.

Frente a este estado de cosas, él prefiere actuar por libre. No es de extrañar que el Poder le considere como un auténtico terrorista.

El elemento “fantástico” de la burocracia

Kafka, por lo tanto, sitúa sus novelas en ese mundo de la obediencia, de lo mecánico, donde parece imposible cualquier tipo de aventura humana. ¿Cómo consigue transformar ese mundo antipoético en novelas fascinantes?. Kundera explica que el escritor praguense no sólo supo ver la importancia del fenómeno burocrático para el hombre sino también “la virtualidad poética contenida en el carácter fantasmal de las oficinas”. Volviendo a la historia del ingeniero, comenta Kundera que el error de su expediente le proyecta a Londres mientras. Como un verdadero fantasma, anda vagando por Praga buscando su cuerpo perdido.

Ya hemos hablado del insecto que desencadena la acción de Brazil. Este animalillo se introduce en la maquinaria y provoca la irrupción de un ejército armado en la sala de estar de una tranquila familia. La reacción es sorprendente por lo brutal pero adquiere el carácter de alucinación o pesadilla porque carece de motivo justificado. Después de la invasión policial hace su aparición el funcionario encargado del papeleo que tiende a la esposa del detenido unas hojas para firmar. “¿Por qué se lo llevan?” balbuceará la mujer contemplando a su marido atado como un salchichón. “Este es su recibo por su marido y éste es mi recibo por su recibo” responderá el funcionario. No necesita dar explicaciones: La inmensa máquina del poder se ha puesto en marcha y no hay nadie que pueda detenerla. Para esta pobre mujer que se ha quedado viuda de repente la pesadilla ha terminado y se ha disipado con igual celeridad. Para Sam y Jill el irracional suplicio se alargará y alargará hasta un callejón sin salida.