Dashiell Hammett, uno de los padres de la novela negra americana, llamaba Poisonville a la ciudad donde transcurría la historia de su novela “Cosecha roja” (Red Harvest, 1929). Este podría ser el apellido de “Banshee”, título de la nueva serie producida por Alan Ball y nombre de la ciudad ficticia ubicada en la zona amish de Pennsylvania donde tiene lugar esta aventura de ultraviolencia. Una localidad llena de corrupción y veneno.

La trama comienza con la salida de prisión de Luchas Hood (Antony Starr), protagonista y ladrón de guante rojo cuya prioridad es encontrar a su ex amante y antigua compañera en asaltos y robos de alto standing. Esta búsqueda le lleva a Banshee, PA. Una vez allí, coincide en un bar con el que será el nuevo sheriff de la ciudad. Una serie de hechos, desafortunados para este último y muy afortunados para el ex convicto, hacen que el que iba a ser el nuevo jefe de la comisaría local muera y Hood asuma su identidad. Así se cuela en Banshee con trabajo nuevo y derecho a posesión de armas. A partir de aquí, la serie va mostrando un lugar lleno de secretos, algo que ha formado parte de las historias de muchos pueblos catódicos desde que David Lynch y Mark Frost crearan escuela con “Twin Peaks” (íd., 1990-1991).

“Banshee” tiene, sin embargo, su propio estilo más allá de esta presentación que puede llevar al espectador a muchos otros lugares comunes. Su tono viene marcado por la tradición de la novela pulp ultraviolenta. La serie se recrea en ella y la convierte en motor para una historia donde la sangre y el sexo son manifiesto estético. El póster de la premiere ya dejaba clara la influencia de la novela negra en la misma. Después de ver la primera temporada (10 episodios), podríamos incluso hablar de hard-boiled televisivo. Las novelas hard-boiled son una variante de las negras en las que la violencia es mucho más explícita y el sexo también. “Banshee” ha ofrecido a los espectadores una variedad de escenas violentas en las que parecía haber un requisito: alguno de los implicados debía quedar fuera de combate por K.O. Incapacitado para levantarse por los golpes recibidos y la cantidad de sangre perdida. El único que tiene indulto es el protagonista, antihéroe hiperbolizado que siempre llega a tiempo al bar del pueblo para tomar una botella de whisky, no importa los litros de sangre que haya dejado por el camino. A lo largo de la temporada, pasa por varias escenas de tortura que dejan su cuerpo tan castigado como el de Jim Caviezel en “La pasión de Cristo” (The Passion of the Christ, Mel Gibson, 2004). El hard-boiled, que tiene en “Banshee” su réplica televisiva, también se caracteriza por tener un protagonista que no es ajeno a los crímenes que se cometen en la historia. Lucas Hood resuelve crímenes con el mismo compromiso con el que los comete.

Siguiendo con la violencia que marca el tono de la serie, Anthony Burgess acuñó el término ultraviolencia en su novela “La naranja mecánica” (A Clockwork Orange, 1962). En ella los actos violentos eran fruto del azar y sin justificación, Banshee los justifica a través de la venganza y la traición, y se sitúa así más cerca de “Sin City” (íd., 1991-2000) de Frank Miller.

Alan Ball —“True Blood” (íd., 2008- ), “A dos metros bajo tierra” (Six Feet Under, 2001-2005)— es el productor ejecutivo de la serie y fue contratado para ayudar a definir el tono de la misma. Muchos pueden verla como otra excentricidad de Ball, tras mezclar vampiros, hadas, hombres lobos, vudú y melodrama de telenovela venezolana en ese guilty pleasure que es “True Blood”. Pero en este caso, hay que tener en cuenta el canal en el que se emite la serie: Cinemax. También conocido como Skinemax por su trayectoria emitiendo contenido softcore porn en horario nocturno. Este dato es importante, ya que en EE.UU. la programación y los canales temáticos son muy relevantes. Así se puede entender perfectamente este contenido teniendo en cuenta su continente.

Alan Ball ha sido un perfecto reclamo publicitario para “Banshee”, pero los creadores de la misma son David Schickler y Jonathan Tropper, dos guionistas que dejaron claro el tono pulpque querían para la serie cuando lanzaron de forma paralela un cómic homónimo. “Banshee” está llena de clichés y personajes demasiado planos, quemando todos sus cartuchos en las escenas violentas. El desarrollo de los personajes es más bien pobre, pero hay que mencionar a los protagonistas de esta primera temporada en este sentido: Kai Proctor (Ulrich Thomsen), villano que controla todos los negocios sucios de la ciudad y que nació dentro de la comunidad amish que rechazó después para dedicarse al crimen. Su personaje es el más carismático de la serie y a través de los 10 episodios de la primera temporada se ha convertido en una figura poliédrica que puede ser vital para la segunda temporada (ya confirmada). El segundo personaje destacable es Job (Hoon Lee), travesti y hacker informático que también formaba parte de la banda del protagonista antes de que fuera a parar a prisión. No se sabe mucho más de su pasado, pero tiene las frases más ácidas y divertidas de la serie. El doppelgänger de Lafayette de Bon Temps, Louisiana.

La cadena Cinemax ha lanzado una promo de la segunda temporada para que nadie se olvide de que “Banshee” tiene más secretos por descubrir y sangre de sobra que derrochar. No hay duda de que la historia no requiere que el espectador ejercite demasiado el cerebro, pero como puro entretenimiento sin pretensiones y consciente de sí misma puede funcionar para los amantes de este género. ¿Qué género? Así la definía la revista online Vulture: trashy macho B movie en TV. Esto ha sido “Banshee” hasta ahora, veremos lo que pasa el año que viene en Pensylvania.