En 1984, el cineasta británico Michael Redford realizó una versión cinematográfica de la famosa novela de George Orwell 1984. Ese mismo año, otro cineasta británico realizó una película rabiosamente orweliana; nos referimos al Brazil de Terry Gilliam donde las alusiones a 1984 son constantes a lo largo de la película.

Brazil, sin embargo, es algo más que una puesta en escena de la novela de Orwell. En la película, confluyen desde las influencias plásticas del propio director, hasta el gusto por lo cómico y, a veces, por lo grotesco, que heredó de su paso por los Monty Python. Hay, sin embargo, otra influencia en Brazil , quizás algo más velada, pero que no por ello deja de sentirse durante su visionado; siguiendo a Kundera, esta influencia parece hallarse “detrás” de la película, en su trastienda, desde donde tiñe de un color grisáceo cada uno de los fotogramas.

En estas líneas, hemos rastreado la influencia de Kafka en el Brazil de Terry Gilliam partiendo de la definición que aporta Milan Kundera de lo kafkiano. Una vez definido el concepto, lo hemos aplicado a las escenas de la película en las que dicha influencia nos ha parecido más evidente.

1. El argumento

A grandes rasgos, Brazil nos muestra un imperio de funcionarios donde vive un hombre modesto, torpe y sumiso: Sam Lowry , asentado en una existencia mediocre que sólo se ve turbada por sus sueños heroicos, aéreos, amorosos…

Sam, noche tras noche, se coloca las alas de Ícaro y vuela al encuentro de una rubia angelical. Antes de alcanzarla sus trayectorias siempre se separan y el sueño, cruelmente, se interrumpe. Un día, sin embargo, el sueño se materializa y su heroína, Jill Layton, entra en la vida de Lowry.

Por otra parte, una mañana, un escarabajo que se había aventurado a entrar en el Servicio de Información, cae dentro del ordenador que se ocupa del control de los pequeños y grandes criminales, estafadores y mendigos. Turbada por al intrusión de ese cuerpo extraño, la computadora sustituye el nombre de un saboteador muy perseguido, Harry Tuttle, por el de un honesto ciudadano, Buttle, al que se detiene con prontitud y se interroga con ferocidad provocando inevitablemente su muerte. Inmerso en la situación eventualmente, Sam decide aceptar ser ascendido al Servicio de Información por haber entrevisto a Jill de manera casual. Su vida, hasta ahora insípida, toma un cariz diabólico. Vuelve a encontrarse con Jill, a la que arrancará de las garras de sus colegas y sólo entonces la esperanza y el amor entran en su vida. El miedo y el terror, sin embargo, se suceden y Sam, convertido en el espacio de una noche en el héroe de sus propios sueños, se ve transformado al amanecer en la presa de un trampa ineludible. Como se torturador se elige a su mejor amigo, Jack Lint, y cuando éste haya terminado su trabajo, a Sam sólo le quedará el consuelo de cantar “Brazil”.

2. Capra y Kafka

En el número 288 de Positif el director Terry Gilliam comenta la imagen que dio origen a su película Brazil:

Hace algunos años buscaba paisajes naturales para “Jabberwocky” y un atardecer me encontré en un pueblo del país de Gales llamado Port Talbert. Un lugar muy feo, triste, en una región minera, la imagen de una vida desesperante. Fui a la playa, una especie de desaguadero público y allí, un individuo provisto de una radio portátil escuchaba esta música tan alegre y sincopada, evocadora de la evasión latina. Esta es la imagen de la que ha salido mi película, y yo sostenía que el título fuese el de esta canción, a pesar de todas las objeciones de la gente del estudio. Mi idea era que este título expresaba muy bien el espíritu de la película, un cruce de Frank Capra y Franz Kafka.

La música a la que alude William es evidentemente el tema “Brazil” que popularizó Xavier Cugat. A William lo que le interesa es ese contraste entre un mundo idílico pero irreal y una realidad gris y aplastante. Será esta línea divisoria entre los sueños del protagonista y la realidad exterior uno de los temas centrales de la película. Sam Lowry será una especie de Juan Nadie, un hombre de la mayoría, que se verá inmerso en una terrible trampa de la que no saldrá nunca. Pero ¿ a qué se refiere William cuando cita el nombre de Franz Kafka como decisivo en su película?¿Qué podemos considerar como kafkiano en el Brazil de Terry Gilliam ?

3. Ángel Crespo: sobre lo dantesco

Ángel Crespo en su introducción a la Divina Comedia nos comenta lo siguiente a propósito de lo dantesco:

Es muy frecuente entre nosotros el empleo del adjetivo dantesco para caracterizar a aquello que causa un horror poco menos que invencible. La prensa, en particular, suele designar como dantescas escenas tales como las de una catástrofe aérea, un terremoto, un campo de concentración o un incendio, sin advertir que no hay nada menos cultural que una generalización convertida, como en este caso, en manoseado recurso de fácil retórica; porque si bien es cierto que Dante escribe sobre escenas y escenarios que pueden provocarnos horror, no es éste, cuando menos en su intención, el horror propio de lo fortuito e irracional, de lo imprevisto y fuera de orden, sino el mucho más filosófico de los castigos providenciales, en los que no hay nada semejante a lo irracional, a lo fortuito, a lo imprevisto o a lo desordenado.

Crespo encuentra los motivos de este uso impropio del adjetivo en la interpretación de estirpe romántica que siempre se ha hecho de la Divina Comedia y que hace de los episodios más novelescos del Infierno el compendio del mensaje dantesco. Pero ¿y lo kafkiano?¿qué quiere decir una persona medianamente culta cuando explica que se vio envuelta en una situación típicamente kafkiana.

De sus palabras podemos deducir algunos datos: la expresión “verse envuelto en algo” ya nos remite a la sensación de una mosca atrapada en una telaraña y, si indagamos, nuestro interlocutor describirá el suceso como algo “inusual”, “extraño”,”alarmante”. ¿Qué hay de cierto en estas afirmaciones?¿Responde lo que cree el hombre medio a lo verdaderamente kafkiano o son, como en el caso de Dante, generalidades que limitan el haz de significados de la obra original?.

4. Milan Kundera: sobre lo kafkiano

Milan Kundera en El arte de la novela, dedica un capítulo a analizar lo “kafkiano” y comienza poniendo un ejemplo de situación típicamente kafkiana: un ingeniero praguense es invitado a un coloquio en Londres y, a su regreso, lee sorprendido que se le acusa de emigración ilegal. El ingeniero sabe que es inocente y decide solucionar su situación. Primero pide explicaciones en la redacción del periódico donde ha leído la sorprendente noticia, pero allí no tienen la culpa: el texto fue recibido del Ministerio del Interior. En consecuencia, el ingeniero se dirige al Ministerio donde le confirman que, efectivamente, se trata de un error pero que no pueden hacer nada ya que no es posible rectificación alguna. Los efectos del equívoco no tardarán en aparecer y el ingeniero, seguido por la calle y con el teléfono intervenido, no puede soportar la tensión y acaba por abandonar el país cometiendo el delito que se la había imputado falsamente al principio.

A partir de este ejemplo, Kundera analiza, punto por punto, las características de lo “kafkiano” y nosotros en nuestro artículo vamos a ir poniendo en paralelo la clasificación de Kundera con determinados pasajes de Brazil.

5. La canción de los sueños perdidos

Franz Kafka, en su relato “El nuevo abogado” nos narra la sorprendente historia del caballo de Alejandro Magno que se antropomorfiza: El mundo contemporáneo no está para grandes heroísmos y el caballo prefiere ocuparse de los papeleos de un despacho de abogados.

Como hemos visto, Sam Lowry, el protagonista de Brazil, es lo opuesto a este nuevo abogado. Su verdadera forma es la de un humilde funcionario pero, cada noche, sueña con ser un héroe, protagonista de grandes aventuras.

En este artículo que ha rastreado la influencia kafkiana en la película de Gilliam, hemos encontrado muchos paralelismos. Uno en concreto, sin embargo, se presenta como el más importante de todos: la opresión del individuo por un poder abstracto. Es aquí donde Sam Lowry se enlaza más fuertemente con un Samsa o un Josef K: sin motivo aparente se ven envueltos en una maraña que no se puede desenredar y que les va llevando hacia un final trágico.

Samsa será, literalmente, aplastado, Josef K ajusticiado y Sam verá derretidas sus alas de Ícaro cuando más cerca estaba de alcanzar el sol. Al menos éste último, perdida la razón  por completo, tiene el consuelo de cantar una y otra vez la melancólica canción de los sueños perdidos.