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6 series de dibujos para mayores

Que todo el mundo ve dibujos animados y que estos no son solamente para niños lo sabemos todos, aunque a veces cueste reconocerlo (sobre todo dependiendo de quién te lo pregunte). Hace mucho tiempo que las grandes productoras de dibujos se dieron cuenta de este gran mercado y decidieron apostar por él lanzando en televisión el formato de series de dibujos para mayores, con mucho acierto y grandes éxitos.

Aquí te presento mi ranking personal de las mejores series para los no tan niños, que podemos encontrar a día de hoy en televisión o Internet.

  1. Los Simpsons

    ¿Qué decir de la familia más querida, ya no sólo en toda América, sino en el mundo entero? Los Simpsons (The Simpsons, en versión original) es una serie animada que nació en 1989 de manos de su creador Matt Groening. Narra la historia de una irreverente familia americana que, tras 25 temporadas en antena, sigue haciendo reír a grandes y pequeños. El tema central son las vivencias y aventuras que sufren sus personajes en su pueblo natal de Springfield, visto todo desde un punto de vista crítico-humorístico de la familia media americana.

    La familia se compone de Homer Simpson, el padre y personaje principal, que representa al norteamericano medio con sátira: comer, dormir y hacer el vago, esas son sus principales virtudes. Su mujer es Marge Simpson, fácilmente reconocible por su alargado pelo azul. Se dedica ciegamente a su familia, sobre todo a cuidar a los tres hijos que unen a este matrimonio: Bart, Lisa y Maggie (de 10, 8 y 2 años de edad, respectivamente).

    Con más de 100 premios televisivos a sus espaldas, considero Los Simpsons como mi serie de dibujos favorita de todos los tiempos.

    Tal es la fama alcanzada, que en el parque Universal Studios de Hollywood se han recreado los lugares más emblemáticos de la ciudad de Springfield a tamaño real y es posible visitarlo viajando a Los Ángeles, California.

    Si todavía no eres un amante de esta serie, no te preocupes, aún estás a tiempo. Tienes la temporada número 14 (una de las más aclamadas por los fans) en la Fnac rebajada de precio.

  2. Padre de Familia

    Otra serie de dibujos para mayores que ha tenido mucho éxito es la de Family Guy (mejor conocida como Padre de Familia). Creada en 1999 por el estadounidense Seth Macfarlane, actualmente se está emitiendo la decimotercera temporada.

    Aunque el tema central sea similar al de Los Simpsons, con una familia americana y sus prototipos, los sucesos, la manera de hablar, el humor negro que emplean y las ocurrencias son totalmente diferentes al de la serie anterior y la hacen única en su especie. Personalmente, procuro verla religiosamente cada día sin perderme ningún capítulo. ¡Me encanta!

    Padre de Familia cuenta la historia de la familia Griffin, que se compone por Peter y Lois, padres de sus tres hijos Meg, Chris, el bebé Stewie y dueños del perro Brian, un personaje peculiar ya que actúa, habla y se comporta como un humano. Los sucesos transcurren en la ciudad de Quahog, en Rhode Island. El personaje principal es Peter Griffin, con un humor tan negro, un vocabulario y unas actuaciones tan demenciales que hacen que te tronches de risa.

  3. Futurama

    Comparte padre con Los Simpsons, ya que su creador también es Matt Groening. Futurama es una serie innovadora que cuenta la historia de Fry, un repartidor de pizza que cae por accidente en una cápsula criogénica el 31 de diciembre de 1999 y de la cual despierta mil años después en la ciudad de Nueva Nueva York con un mundo totalmente cambiado: extraterrestres, viajes intergalácticos, robots y toda clase de tecnología inimaginable en su época.

    Fry es contratado por Planet Express, una empresa de mensajería intergalática propiedad de su sobrino lejano. La tripulación está formada por Bender, robot doblador de vigas holgazán y alcohólico; Leela, mutante de alcantarilla; el doctor Zoidberg, una combinación de criaturas marítimas; Amy, extraterrestre con rasgos orientales y el Profesor Hubert, científico loco y dueño de la empresa de transportes), Fry vivirá increíbles aventuras junto a sus amigos enfrentándose a innumerables peligros.

    Aunque la serie no emite nuevos episodios desde 2013, sí que cuenta también con películas que puedes conseguir en Zavvi con el pack Futurama Movie Colection.

  4. Padre made in USA

    Aunque esta serie ha sido criticada en numerosas ocasiones por plagio a Padre de Familia (sí es cierto que es del mismo creador, Seth Macfarlane), pero el caso es que American Dad (como se conoce en versión original) guarda ciertas similitudes con esta. En primer lugar, nos encontramos con la familia Smith compuesta por el padre Stan, un agente de la CIA y su mujer Francine, los cuales tienen dos hijos en común Hayley y Steve.

    La familia también tiene una mascota, como sucede en Padre de Familia, pero en este caso se trata de Roger, un alienígena que salvó la vida a Stan del Área 51 y que desde entonces vive con ellos escondiéndose de las autoridades. Roger es uno de los personajes principales y tiene una actitud sarcástica, amoral, hedonista y totalmente narcisista. Muestra un interés obsesivo por interpretar varios personajes, disfrazarse de ellos y adoptar diferentes personalidades. Además de Roger, la familia Smith también cuenta con Klaus, un pez con origen alemán.

    En mi opinión, lo que hace verdaderamente única a esta serie es el personaje de Roger, que le da un toque de humor ácido con situaciones tan disparatadas que es imposible no partirse de risa con él, y hará que quieras ver un capítulo detrás de otro. Además, la serie también entretiene con las numerosas misiones que vive Stan como agente de la CIA y los peligros a los que se enfrenta.

  5. Hora de Aventuras

    Esta serie de dibujos para mayores creada por Pendleton Ward ha sorprendido debido al boom que ha tenido desde hace unos años hasta la actualidad.

    Hora de Aventuras cuenta la historia de Finn, un niño humano, y su mejor amigo y hermano adoptivo, Jake, un perro con la capacidad para cambiar de forma como crecer o reducirse a voluntad. Finn y Jake viven en la tierra post-apocalíptica de Ooo. Llena de restos de una civilización destruida y reducida a escombros, con diferentes mutaciones y demonios que hacen que la vida siempre sea una aventura llena de peligros e inquietudes.

    En las historias podemos ver a Finn y Jake tratando de rescatar a princesas, luchar contra monstruos, explorar mazmorras o simplemente ayudar a los más necesitados. Ya sea por el vocabulario tan cercano al usuario o por las aventuras que recorren juntos, la serie ha alcanzado muchísimo éxito entre el público joven, llegando a tal punto de vender todo tipo de productos como fundas para móvil, boxers, carteras, gorras, etc.

    Te dejo una escena que me encanta con una canción muy pegadiza y conocida entre los seguidores.

  6. South Park

    Creada en 1997 por Trey Parker y Matt Stone, South Park está ambientada en un pueblo de Colorado que pone nombre a la serie. Stan, Kyle, Cartman y Kenny son los protagonistas, cuatro niños que viven momentos surrealistas en cada episodio y que no paran de decir tacos. South Park se presenta como una sucesión de historias rocambolescas y expresiones malsonantes y obscenas aunque muy cómicas.

    Humor negro y mordaz, escabroso por momentos, que queda reflejado en la frase por excelencia de la serie, la cual siempre sale de la boca de Cartman: “Han matado a Kenny, hijos de puta”. Y es que en realidad, este personaje, Kenny, tiene la desgracia de morir en la mayoría de episodios.

Todavía existen infinidad de series de dibujos para mayores, aunque para mí estas son las series top de las que no me pierdo ni un episodio. En general, todas tienen un conjunto de puntos comunes que las hacen más atractivas para los usuarios de más edad, como las situaciones rocambolescas, los temas que se tratan, el tipo de humor que se utiliza, el vocabulario, etc. ¿Cuál es tu favorita de todas las mencionadas? ¿Piensas que alguna otra es merecedora de aparecer en el ranking?

“Amish”: un viaje al pasado

“Único Testigo”, “Amish Grace” o “Salvando a Sarah Cain” son algunos títulos del cine que nos han acercado la imagen de una comunidad religiosa realmente peculiar: los “Amish”. Un grupo cultural, étnico y religioso celoso de sus costumbres y tradiciones, prácticamente hermético a las innovaciones y avances de hoy, los Amish viven atrapados en el pasado, aferrados a su fe y alejados de las tentaciones del mundo actual, en constante lucha contra las presiones de la modernidad.

Con un estilo de vida modesto, sencillo, rural, tradicional y anclado en una interpretación estricta de las Sagradas Escrituras, los Amish han variado poco su forma de entender la vida desde el siglo XVII, aferrándose a unas tradiciones y a una forma de vida que arrancan del centro de Europa, de donde este grupo étnico, cultural y religioso es originario. Su vestimenta, sus costumbres, sus normas y sus prácticas religiosas sorprenden en pleno siglo XXI, en un Mundo globalizado, tecnológico y en el que la prisa y la inmediatez de nuestro estilo de vida chocan frontalmente con unas comunidades Amish que, allá donde se encuentran, constituyen todo un atractivo turístico, un viaje a un pasado de hace siglos.

Los Amish rondan las 250.000 personas agrupadas en unas 22 comunidades repartidas en EE.UU. y Canadá, como legado de los primeros colonos de Norteamérica que procedían del centro de Europa, fundamentalmente de Alemania, Holanda y Suiza. Integrados en el grupo religioso de los menonitas, los primeros Amish que llegaron al Continente americano lo hiceron huyendo de la persecución católica y protestante de la que eran objeto en Europa durante los siglos XVI y XVII, luego que en 1536 el sacerdote holandés Menno Simons abandonara la Iglesia Católica y tomara las ideas “anabaptistas” (sector cristiano, que recibió este nombre porque sostenían que el bautismo debía hacerse en personas adultas y no en bebés y niños, que aún no eran poseedores de fe, existiendo desde la antigüedad y la Edad Media, antes de la prédica de Lutero, siendo perseguidos por católicos y protestantes precisamente por esa concepción del bautismo). La mayoría de los grupos menonitas evolucionaron en la década de 1860 integrándose en la sociedad norteamericana que les rodeaba, excepto los Amish, quienes, de la mano del obispo menonita suizo Jacobo Ammann, que impulsó la creación de la “Iglesia de la Vieja Orden Amish“, optaron por aislarse de la violencia y los vicios que conllevaba la modernidad y continuar viviendo como lo habían hecho desde hacía siglos, aferrados a sus creencias bíblicas, aplicadas hasta límites insospechados, aferrándose al pasado, las costumbres y tradiciones, y en contra del progreso.

Como consecuencia de su aislamiento secular, los Amish siguen conservando sus raíces europeas en su lengua, hablando un dialecto conocido como “Deitsch” (“alemán de Pensilvania”), “Swiss” (“suizo”) o “Dutch” (“holandés”), según sus antepasados procedieran de Alemania, Suiza u Holanda, respectivamente. Sólo los “Beachy Amish” (los Amish de la generación de los años 60) suelen hablar el inglés entre ellos, tal vez una de las pocas concesiones que han hecho al mundo que los rodea y del que viven aislados.

Regidos por la “Ordnung” o “reglas de la comunidad”, los Amish difieren en esas normas según la comunidad de que se trate, siendo que lo que puede estar permitido en una no lo esté en otra y viceversa, pero siempre caracterizándose, en términos generales, por una estricta interpretación del Nuevo Testamento que se extiende a todos los aspectos de la vida comunitaria y personal, destacando la prohibición del uso de la electricidad y las nuevas tecnologías, así como los estrictas reglas a la hora de vestir y la prohibición de aceptar ayudas del Gobierno de cualquier tipo, así como, desde luego, la regla de oro de la no violencia. Aquellos miembros que no aceptan estos principios y que no pueden ser convencidos de arrepentirse, son excomulgados y rechazados.

Sin embargo, como hemos indicado, la “Ordnung” de cada comunidad Amish es variable al no existir una jerarquía religiosa que unifique las normas de conducta de forma abosluta. Así, cada comunidad Amish es la que elabora y aprueba sus propias normas, siendo posible que en los casos en que resulte absolutamente indispensable para la vida de la comunidad se acepte la introducción de alguna tecnología en la comunidad para casos específicos, pero siempre evitando el contacto con el exterior, de modo que, por ejemplo, cuando es indispensable, los Amish producen su propia electricidad sin conectarse a la red eléctrica y sólo para satisfacer una necesidad específica.

En cualquier caso, y a pesar de las diferencias y flexibilidad entre comunidades, la rigidez y la radicalidad en la interpretación de La Biblia en comparación con la sociedad moderna es lo que caracteriza a todas las comunidades Amish, celosas de su intimidad y siempre temerosas de las influencias externas, basándose para ello en las Escrituras: “raza elegida, una verdadera comunidad cristiana, una nación sagrada, el pueblo de Dios” (1 Pedro 2:9); no se “conforman con este mundo” (Romanos 12:2); evitando el “amor del mundo o de las cosas que viven en él” (1 Juan 2:15); y la creencia que “la amistad con el mundo los enemista con Dios” (Santiago 4:4). Una concepción de la vida y de la religión que choca con la sociedad moderna que los rodea, lo cual, no pocas veces, les ha generado conflictos con las autoridades locales en las que se asientan las comunidades, ya que, a pesar de no usar la mayoría de los servicios públicos, han de pagar impuestos, salvo la Seguridad Social de cuyo pago están exentos.

La gran mayoría de las comunidades Amish se encuentran en los EE.UU., destacando el Condado de Lancaster en Pensilvania, también llamado por esta razón el “Condado Amish“. Quizás las comunidades Amish de este Condado sean de las más abiertas, de ahí que presenten una relativa interacción con la comunidad local, incluso con el turismo. Así, existen en el Condado de Lancaster numerosas tiendas que venden souvenirs Amish, regentadas por comerciantes locales no Amish que venden artesanías que a su vez han comprado a los Amish, destacando en este punto las localidades de Intercourse y Bird in Hand, donde se concentran el mayor número de este tipo de tiendas. Existen incluso museos dedicados a la historia y el modo de vida de las comunidades Amish que están abiertos a los turistas, destacando en este punto “The People’s Place” situado en la localidad de Intercourse y “The Amish Farm and House” de la localidad de Lancaster, museos que nos permiten conocer algo más sobre estas comunidades Amish y que nos permiten contemplarlas como algo más que una curiosidad.

Quizás los Amish nos resulten extraños, curiosos y hasta amenazadores con sus vestimentas oscuras y sus estrictas normas religiosas. Quizás los Amish nos resulten desfasados, testigos vivientes de un tiempo ya pasado hace siglos, hasta el punto de que algunos considerarían que deberían integrarse en la sociedad actual. Sin embargo, lo cierto es que nadie está obligado a permanecer en las comunidades Amish, pudiendo abandonarlas cuando quieran (de hecho en la “rumspringa” o adolescencia, a los jóvenes Amish se les permite decidir si quieren vivir en el mundo exterior, abandonando su religion y su comunidad, o bautizarse y adoptar para siempre el estilo de vida Amish, para lo cual se les permite incluso salir de su comunidad y vivir un tiempo en el exterior para que tomen esa decisión); es una opción de vida que atesora valores que ya se han perdido en los tiempos que corren, valores como el pacifismo, la no violencia, la solidaridad entre los miembros de la comunidad, el compartir los bienes materiales, el considerar que sólo se ha de tener aquello que va a ser de utilidad para la comunidad, … Unos valores que muchos reclaman en nuestros días pero que muy pocos estarían dispuestos a aplicar en la práctica como lo hacen los Amish.

Agricultores expertos, ganaderos excepcionales sin recurrir a las nuevas tecnologías, fieles a sus tradiciones y creencias, hermanos de sus vecinos y solidarios con el miembro de su comunidad que necesita auxilio, corriendo todos como uno como por ejemplo para reconstruir un granero que se ha quemado o recoger una cosecha, … Los Amish son el testimonio vivo de un pasado que la sociedad moderna dejó atrás, de un tiempo lleno de valores en los que la convivencia y la solidaridad eran el primero. Si viajas a la costa este de los EE.UU. no pierdas la oportunidad de hacer un viaje al pasado acercándote a una comunidad Amish; a lo mejor decides dejarlo todo y quedarte a vivir en ese idílico pasado.

Crítica de la película Pompeya (2014)

Pompeya (2014)

El nuevo trabajo de Paul W.S. Anderson llega durante una época en la que Hollywood —dando sus hoy habituales palos de ciego— reaviva su interés en la producción películas que se inscriben, de alguna manera, en la vaga categoría subgenérica del peplum. Sin embargo, ‘Pompeya’ rompe de manera desconcertante con los patrones del cine de espada y sandalias más influyente de la última década. No hay rastro en ella de la estilización anabolizada de las imágenes que ofrecían ‘300’ (íd., Zack Snyder, 2006), ‘Immortals’ (íd., Tarsem Singh, 2011) y ‘300: El origen de un imperio’ (300: Rise of an Empire, Noam Murro, 2014); de la vertiginosidad de ‘Furia de titanes’ (Clash of the Titans, Louis Leterrier, 2010); de los arrebatos horteras y kitsch de ‘Hércules: el origen de la leyenda’ (The Legend of Hercules, Renny Harlin, 2014); o siquiera del clasicismo crucificado en los dominios del revisionismo político de ‘Ágora’ (Alejandro Amenábar, 2009) y ‘La legión del águila’ (The Eagle, Kevin Macdonald, 2011). Desde este punto de vista, lo primero que llama nuestra atención es el completo desinterés del director británico por la determinante tendencia estética inaugurada por Snyder y sus espartanos. Resulta extraño que un coprófago exquisito como Anderson deje pasar la oportunidad de apostar por la sinergia a-narrativa de medios expresivos sobre la superficie de lo digital. Lo más lógico es atribuir la contención expresiva de este blockbuster escasamente ambicioso a su carácter de encargo, de proyecto alimenticio. Su burdo guion no contribuye a vivificar un espectáculo poco emocionante que, pese a todo, es sólido a su manera y se ve con agrado. Apenas atisbamos al Anderson más desvergonzadamente b en apuntes y detalles muy concretos: los diálogos chulescos entre gladiadores, los aspavientos de un enloquecido Kiefer Sutherland o el desenlace ígneo. Por decirlo de otra manera, nos encontramos ante un desviamiento, si bien forzoso, de la orientación creativa de sus últimas películas que, no obstante, resulta a la postre más interesante de lo que aparenta en un principio.

‘Pompeya’ invoca el fantasma de ‘Espartaco’ (Spartacus, Stanley Kubrick, 1960) y se ciñe esforzada y voluntariosamente a un modelo de cine de entretenimiento a todas luces “pasado de moda”. La obra lleva la propuesta hasta límites paroxísticos: no solo prescinde de la digitalización de la imagen —en la medida de lo posible— durante gran parte del metraje, sino que, a nivel argumental, se enraíza en tradiciones narrativas y discursivas sepultadas tiempo atrás bajo el cáustico descreimiento de la posmodernidad. Una trama que implica superfluos tejemanejes políticos entre Roma y la orgullosa Pompeya, combates cuerpo a cuerpo —poco aparatosos para hablar de quien hablamos— y la historia de amor imposiblemente casta de un zarrapastroso gladiador, Milo El Celta (Kit Harington), y una noble, Cassia (Emily Browning), sellada en un beso final inmortalizado por el efecto petrificador de la lava. Claramente, lo que mejor define la impronta autoral de Anderson es su carácter de batiscafo del lodazal cultural, su entendimiento del cine como “tierra de nadie” sin categorías ni fronteras que sirve de punto de encuentro para cualquier manifestación del audiovisual popular, desde el videojuego hasta el videoclip, pasando por el trailer o el spot publicitario. No obstante, y desde un enfoque temático, sus películas se han convertido en reflejo de la condición existencial del hombre en la «era multimedia».

Menos acrítico de lo que podría sugerirnos su epatante retórica visual, la misantropía ensombrece el discurso de películas de indisimulada vocación pulp como ‘Horizonte fina’l (Event Horizon, 1997), Resident Evil (íd., 2002) e incluso artefactos de apariencia tan inocua como ‘Alien vs Predato’r (íd., 2004) —su exploit de los célebres filmes de Ridley Scott y John McTiernan— y ‘Los tres mosqueteros’ (The Three Musketeers, 2011) —revisión bufa y desmitificadora de la novela de Dumas en clave steampunk—. Una idea similar a la que nos transmite el tejido social de Pompeya, donde los poderosos esclavizan y someten a los débiles y las inocentes clases medias —una pena que esté tan desaprovechada la subtrama que protagonizan Carrie-Ann Moss y Jared Harris— conspiran para hacerse con su pequeña parcela de poder. De la misma manera, la ciudad a los pies del Vesubio remite a una geografía típicamente andersoniana: el escenario postapocalíptico o en peligro de extinción; mundos al borde del colapso regidos por una fuerza opresora omnímoda y a menudo invencible. El Imperio Romano de la película que nos ocupa es equiparable al régimen militar y tecnófilo de ‘Soldier’ (íd., 1998), la megacorporación Umbrella de la saga ‘Resident Evil’ o la dictadura liberal —digna de los Chicago Boys en sus momentos de mayor inspiración— de ‘Death Race’ (íd., 2008). Una tiranía que se camufla bajo formas diversas y que, invariablemente, cosifica a los héroes para comercializarlos y desecharlos cuando dejan de ser útiles. La secuencia clave de su filmografía reciente la hallamos en ‘Resident Evil: Ultratumba’ (Resident Evil: Afterlife, 2010), y es aquella en la que una atónita Alice (Mila Jovovich) descubre que han sido creados cientos de clones física y psíquicamente idénticos a ella. La propia Alice, en ‘Resident Evil: Venganza’ (Resident Evil: Retribution, 2012), deberá enfrentarse a un enemigo que ha transmutado la experiencia en su simulacro virtual. Paralelamente, en ‘Death Race’, Jensen Ames (Jason Statham) y ‘Machine Gun’ Joe (Tyrese Gibson) se aperciben de que jamás podrán ganar la partida en un juego cuyas reglas han definido otros; un eco de este concepto resuena en el Atticus (Adewale Akinnuoye-Agbaje) de ‘Pompeya’, que termina por desengañarse de las promesas romanas a las que cándidamente se había aferrado.

El punto de inflexión —con sus connotaciones metarreferenciales— de cada una de las producciones citadas es siempre aquel momento en que los protagonistas —psicológicamente planos, muñecos de acción articulables— toman consciencia de su condición de productos de consumo fabricados en serie y se rebelan contra la maquinaria del sistema. Pero aunque Milo y Cassia trasciendan sus roles sociales y desafíen los dictados de la figura opresora que representa el pérfido cónsul Corvus, son dos personajes trágicamente arraigados en unas tradiciones de la ficción popular tan amenazadas como la ciudad romana que da título al filme. Residuos del clasicismo que serán arrollados cuando el volcán estalle furioso. En estos últimos compases, los mejores y más personales del conjunto, el realizador recrea con solvencia la destrucción de un mundo, tiñendo los fotogramas de un sugestivo tono ceniciento y cobrizo, recurriendo a un exuberante arsenal CGI con el que acribilla a todas esas figuras obsoletas, inconscientemente autoparódicas, retoños —vaciados de espesor dramático— de tradiciones genéricas que el director lleva años reescribiendo con la caligrafía de la Hipermodernidad. Sin sombra de su acostumbrado cinismo, Anderson reserva un bello gesto final, en forma de abrazo eterno, a la pareja protagonista. En el plano que cierra la película quedan relegados a su condición de piezas de museo, últimos depositarios de unas coordenadas afectivas, morales y expresivas periclitadas, en las que ya no podemos creer.

Qué es y cómo definir la identidad de tu empresa

Una marca sin identidad y personalidad no es más que un conjunto vacío. Para que tu idea de startup tenga la posibilidad de tener éxito, debes dotarla de una identidad. Pero esta identidad no se compone solo de un logotipo, deberás tener en cuenta muchas más cosas a la hora de definir la identidad de tu empresa.

En primer lugar, debemos definir qué entendemos por identidad de una marca. La identidad engloba tanto el nombre como todos los elementos que comunican los valores e ideas que quiere transmitir la marca. Por eso, en este post vamos a ver cómo definir la identidad de tu empresa paso a paso.

Cómo definir la identidad de tu empresa

Define tu marca

Lo primero que tienes que hacer a la hora de definir la identidad de tu empresa es elegir los aspectos más relacionados con la marca. Para ello utilizaremos diferentes elementos que te ayudarán a transmitir los valores e ideas que quieres darle a tu empresa.

Nombre

Como ya hablamos en el post sobre cómo crear una web para tu startup, el nombre es una de las primeras elecciones importantes que debes tomar. Será la principal seña para definir la identidad de tu empresa y algo que se mantendrá invariable a lo largo del tiempo.

“Un nombre bueno comunica claramente el posicionamiento y la personalidad de la marca”.

Roberto Álvarez del Blanco

Un nombre debe ser simple, fácil de pronunciar, fácil de recordar y que haga referencia a la profesionalidad de la empresa. Los nombres poco serios darán la sensación de productos de baja calidad y disuadirán a los clientes.

Una buena iniciativa es probar el nombre entre tus amigos y conocidos y preguntarles que sensaciones les transmite. Si no consiguen identificar a qué se dedica la empresa o les transmite poca fiabilidad, lo más recomendable es cambiarlo antes de empezar.

Por regla general, los nombres de las empresas o los productos son una de las cosas que no debe cambiarse una vez lanzados. Tenemos una gran cantidad de casos de cambio que no han funcionado, como el de Petit Suisse por Danonino en Danone. En el mejor de los casos tus clientes seguirán usando el nombre antiguo. Mientras que en el peor, se olvidarán de ambos.

Colores

El color es una percepción visual de nuestro cerebro, pero también es una de las herramientas más poderosas que tienes para llamar la atención sobre tu marca y definir la identidad de tu empresa. Por eso, debemos poner mucho cuidado a la hora de elegir los colores que definirán nuestra empresa, no es algo que se pueda dejar al azar; ya que el color es el elemento más recordado de una marca por sus consumidores.

Los colores nos provocan ciertas reacciones, emociones y sentimientos. Por eso, debes hacer que estos transmitan exactamente los valores de los que quieres dotar a tu marca. Por ejemplo, el rojo se asocia con la pasión o el amarillo con la alegría. Puedes ver más información sobre lo que transmite cada color en este artículo.

También deberás tener en cuenta los colores que se utilizan en la industria en la que quieres encuadrarte. Por ejemplo, el verde es usado tradicionalmente en los productos ecológicos y saludables. Por eso, McDonald’s sustituyó su tradicional fondo rojo por uno verde, para identificarse con una alimentación más sana y natural.

 

Es muy importante que integres estos colores en todos los elementos visuales que tengan que ver con tu empresa: página web, tarjetas, cartelería, membretes… Es decir, de nada sirve que elijas un color verde para tu logotipo si luego en tu web utilizas fuentes en color rojo.

Logo

El logotipo es una pieza clave de la identidad de tu empresa, ya que permitirá que tus clientes diferencien tus productos y servicios de los del resto de competidores y recuerden tu marca. Con lo cual, éste también debe transmitir los valores que quieres para tu empresa.

Cualquier forma geométrica, por pequeña o básica que sea, puede trasladar una emoción o un valor a los potenciales consumidores. El logotipo perfecto es aquel que, junto con el color, es capaz de definir completamente a tu empresa; sin la necesidad de usar palabras.

La clave de un buen logotipo es que sea simple, ya que así será más fácil de recordar. Otro punto importante es que, a pesar de los colores que hayas elegido inicialmente, pueda representarse en blanco y negro si se da el caso.

Ya que se trata de una parte tan fundamental a la hora de definir la identidad de tu empresa, te recomiendo que recurras a profesionales para su diseño. Puedas contratar una empresa que se ocupe tan solo del diseño de tu logotipo de forma puntual como 99Designs o Fiverr.

Si quieres, puedes hacerlo tu mismo. Tienes una guía básico en nuestro post sobre cómo diseñar logos.

Eslogan

El eslogan es una frase breve, fácil de recordar y original que sirve para resumir la identidad de la empresa. Es un medio muy poderoso para poder atraer a los consumidores y captar su atención. Pero, si no aciertas con su elección, terminará por no causar impacto y distraer la atención del potencial cliente.

A la hora de crear un gran eslogan debes considerar los siguientes puntos:

  • Frase corta, la mayoría de expertos recomiendan no exceder las 8 palabras.
  • Fácil de recordar, por lo que no deberás usar palabras muy complejas.
  • Su efectividad será mayor si hace sonreír al cliente.
  • Debe identificar claramente tu producto o servicio.
  • Utiliza algunos recursos literarios como la rima o el doble sentido.
  • Debe apelar a la Ventaja Competitiva Única de tu negocio.

No te olvides de que el eslogan debe ir en consonancia con el carácter y los valores que quieres utilizar a la hora de definir la identidad de tu empresa.

Humaniza tu marca

 

Crear vínculos para empatizar con tus clientes puede marcar la diferencia a la hora de que estos se decidan por tu empresa en lugar de por la competencia. Por eso, uno de los principales rasgos que deberás utilizar a la hora de definir la identidad de tu empresa es la humanidad.

Este punto es espacialmente importante en los medios sociales que utilizamos hoy en día. Una marca puede ser percibida de muchas maneras, pero las que más éxito tienen son aquellas que más se acercan a una relación familiar con el cliente.

Hoy en día, una empresa no puede esconderse detrás de su marca, su logo y su eslogan. Tiene que establecer una relación de comunicación fluida y confianza con sus clientes; tanto reales como potenciales.

Sé interactivo

Como decíamos antes, el mundo de la comunicación 3.0 ha cambiado las relaciones entre una empresa y sus clientes. Ahora ya no tienes que esconderte detrás de tu marca, debes abrirte a las redes sociales y a cualquier otro canal de comunicación para mantener el contacto con ellos.

Debes ser “real”, alguien con quien se pueda dialogar. Formula preguntas y escucha las respuestas de tus seguidores. Responde a sus preguntas e intenta aceptar sus críticas siempre que sean constructivas.

Presenta a tu equipo

Los primeros embajadores de tu empresa deben ser los miembros del equipo de trabajo e incluso tú mismo. No tengas miedo a poner cara y nombre a los que forman parte de tu equipo y a mostrar lo que ocurre dentro de la empresa: ¿quiénes sois? ¿cómo os divertís? ¿qué historias humanas hay detrás?

Una empresa y por extensión su identidad es mucho más que los productos y servicios que vende. Está conformada por las historias de todos aquellos que la componen.

Evita hablar siempre de tus productos

Normalmente a la gente no le gustan las personas que solo hablan de ellas mismas, pues lo mismo ocurre con las empresas. Por ello, no deberías centrar todos tus discursos en tus productos o servicios.

Dialoga sobre las tendencias de tu sector o del mercado en general, comparte aportaciones interesantes para tus seguidores, ayuda a resolver dudas… En definitiva, no seas el epicentro de todos tus mensajes y aporta valor a tu comunidad.

Haz que te recuerden

Encuentra al menos un rasgo característico de tu empresa que el público pueda recordar: logo, colores, eslogan, música, icono… Cualquiera de estas características es mucho más impactante para el consumidor que una explicación de cientos de palabras.

Si una vez que has definido tu identidad, tienes que explicar el carácter de tu marca a alguien dentro de tu target, es que no has logrado el objetivo de definirte.

Presta atención a los pequeños detalles

Debes prestar atención a los pequeños detalles para evitar que algunos aspectos de tu identidad o diseño se contradigan; ya que esto hará que tu mensaje pierda fuerza y cohesión. Debes adaptar todos los aspectos de tu negocio al mensaje que has decido transmitir.

Por ejemplo, si quieres transmitir la idea de productos de última tecnología no puedes usar un diseño Vintage para tu tienda o tu página web, ya que son cosas contrapuestas.

Elige el tono y el mensaje de tu negocio

 

Uno de los errores más importantes que puedes cometer a la hora de definir la identidad de tu empresa es no prestar atención al tono de los mensajes que vas a transmitir. El mensaje será la personalidad que quieres otorgar a tu empresa. Mientras que el tono son las diferentes aplicaciones que usas para conseguirlo. El tono tienes que ir en consonancia con los mensajes.

En primer lugar, debes definir tu mensaje, aquello que te hace único, los valores de tu empresa y cómo quieres que tus clientes te definan. Para ello, intenta resumir todo eso en tres o cuatro adjetivos principales, pero sin caer en los tópicos. Identifica lo que te hace único y lo que realmente eres y cómo quieres ser percibido por los demás.

También deberás tener en cuenta quién es tu cliente, qué piensa, qué problemas tiene, cómo tú puedes ayudarle.

Por ejemplo, si tu público son jóvenes y quieres dirigirte a ellos a través de redes sociales, no puedes usar un tono formal. Ten en cuenta siempre, que la gente entra a las redes sociales para entretenerse durante su tiempo libre. Normalmente no buscan información seria, si no ocio.

En relación a estos dos puntos anteriores deberás elegir el tono de tus comunicaciones. Debe ser un tono claro y reconocible en cualquier situación comunicativa, ya que esto aportará credibilidad a tu marca.

Es decir, no puedes utilizar un tono desenfadado en tus redes sociales y página web y luego tener un blog en el que publicas estudios académicos formales. Para que el mensaje sea percibido de forma clara, tiene que existir un tono uniforme en todas tus comunicaciones, independientemente del canal.

Construye una sólida reputación online

 

El mundo 2.0 y posteriormente el 3.0 ha acabado con los mensajes unidireccionales, por lo tanto, la reputación online de tu empresa ya no se basa solo en lo que tú transmitas; si no en lo que los demás piensan sobre ti. Podríamos definir la reputación online como lo que tú dices sobre tu empresa unido a lo que los demás piensan sobre ella.

A la hora de definir la identidad de tu empresa, deberás tener en cuenta que todo lo que hagas en Internet tiene repercusión sobre tu reputación online: redes sociales, blogs, comunicados de prensa, branding… Tanto si es en el plano profesional, como el personal, cada cosa que hagas en Internet suma o resta para tu reputación online.

“La reputación online es como una sombra digital, da igual que no quieras tenerla, te persigue. No puedes carecer de reputación online. Puedes gestionarla o no”.

Miguel del Fresno

Convierte a tus clientes en embajadores de la empresa

Habla con tus clientes y hazlos sentirse parte de una comunidad. Si su experiencia es satisfactoria es mucho más fácil que recomienden tus productos y servicios, tanto a sus conocidos como en redes sociales.

Habla también con la prensa y blogs relevantes, no solo para incluirlos en tu estrategia SEO; si no para que te conozcan y puedas aparecer en las informaciones que consultan tus potenciales clientes.

Sé transparente

La honestidad es una de las cualidades más respetadas por los consumidores. Tienen la posibilidad de elegir entre una gran cantidad de marcas y si perciben en la tuya transparencia generarás confianza para que te elijan antes que a la competencia.

Trata de construir una conexión entre tu marca y el consumidor, para que la próxima vez que tengan que adquirir un producto piensen directamente en ti y no se planteen otras opciones.

Esto es un ejemplo claro de lo que ha conseguido Apple. Sus consumidores, incluso los que no pueden acceder a sus productos por falta de presupuesto, se identifican con los valores que transmite la compañía. Esto hace que cada vez que tienen que adquirir un nuevo producto tecnológico, ni siquiera se planteen adquirir otra marca.

Monitoriza lo que dicen sobre ti

Requiere mucho tiempo y esfuerzo crear una sólida reputación online y ésta puede venirse abajo en muy poco tiempo con comentarios negativos sobre tu empresa. Por eso es muy importante estar atento a lo que se dice de ti en redes sociales, blogs, foros… Cualquier comentario positivo o negativo tiene impacto en tu reputación.

Debes tomarte tu tiempo en monitorizar todo lo que se dice sobre ti, sobre todo con el alcance actual de las redes sociales. Hay muchas herramientas que te permitirán hacer este tipo de seguimientos, pero yo te recomiendo Hootsuite, ya que es una de las más sencillas de utilizar.

Acepta las críticas y responde educadamente

Frente a la crítica, reacciona rápidamente y con educación. La negatividad se propaga como un reguero de pólvora. Un estudio desarrollado emarketer.com afirma que aproximadamente el 83% de los consumidores se ven influidos en sus decisiones de compra por los comentarios que leen en Internet sobre la marca o los productos. En el 80% de los casos los comentarios negativos cambiaron su decisión de compra.

Por lo tanto, haciendo caso omiso de las críticas estarás permitiendo que tus clientes puedan juzgar tus productos o servicios basándose únicamente en los comentarios negativos. Un punto fundamental a la hora de definir la identidad de tu empresa es prevenir la gestión de las posibles crisis de reputación online.

Aprende de tus errores

Es normal que puedas cometer algún error en tu relación online con consumidores e influencers, pero debes aprender de estos errores para no volver a cometerlos. Recuerda que un pequeño error puede tener grandes consecuencias y la repetición de errores puede hacerte perder clientes e incluso acabar con tu negocio.

 

 

Crítica de la película 800 balas (2002)

“800 Balas” arranca con una familia que se acaba de mudar a un elegantísimo chalet madrileño. Laura, la madre, es una ejecutiva malhumorada y pérfida compuesta por Carmen Maura. Los otros dos son su suegra y su hijo, un chico que se la pasa fastidiando a todo el mundo disfrazado ya no recuerdo de qué (pero en la línea “superhéroe con pistola de agua”). Y no es para menos: prontamente lo sabremos huérfano de padre e ignorante de la vida, y circunstancias de la muerte, de su progenitor. Luego se nos informará que ese hombre falleció mientras trabajaba junto a su propio padre como doble de cuerpo en un spaghetti western rodado en la provincia española de Almería. Y que el viejo, que aún vive, continúa allí. Estos datos y el afán de reconstruir su historia pondrán al niño en fuga, y pocos minutos después ya lo tendremos en Almería, frente a su abuelo paterno Julián.

El encuentro no es exactamente romántico, ya que el anciano –de respetable porte y bastante bien conservado– es de pocas pulgas, y lo primero que se le ocurre es mandar al chico de vuelta a Madrid. Pero éste se queda, y empieza a fascinarse con el modo de vida de Julián, quien encabeza una troupe de dobles de riesgo venidos a menos (hace rato que en Almería no se rueda un film), entregados al ritual de interpretar un popurrí de sus destrezas para los pocos turistas que se acercan diariamente al lugar. Los decorados reproducen esas típicas dos cuadras de tierra que incluyen la oficina del sheriff, una horca de madera y el saloon, y están mayormente intactos. Los que no están intactos son esos hombres, especie de fantasmas, tenues sombras de lo que allá lejos, en los viejos buenos tiempos en que doblaban a Clint Eastwood (entre tantos otros monstruos), supieron ser.

Está claro que la fascinación del niño es una extensión de la del propio realizador, Alex de la Iglesia, que a está altura –va por su sexto largometraje– sigue siendo tan cinéfilo como siempre. Y más allá del homenaje a los westerns europeos, lo que vuelve a aparecer es una reverencia, y en parte una relectura, de los géneros clásicos del cine americano. Como en “El día de la bestia”, esa excelente “comedia de terror” que sigue siendo por lejos la mejor de su factoría; como en “Muertos de risa”, en la que el homenaje y la relectura de la comedia dramática hollywoodense llegaron más lejos que nunca. El veterano Julián, por su parte, también se hace cargo de expresar un costado del cineasta; o en todo caso, el homenaje que éste le rinde al cine desde adentro.

Lo que hay que decir, también, es que a “800 Balas” le cuesta ponerse en marcha. Por largo rato (durante toda una hora), la narración evoca esas coproducciones en las que los chistes, los diálogos, las situaciones y hasta los acentos lucen un poquito forzados. Las actuaciones tampoco ayudan: a Maura se la ve desganada, a Eusebio Poncela (su socio comercial en la ficción) estereotipado, a Sancho Gracia (en el rol de Julián) reprimido, como si diera para más; y al chico no se le encuentra carisma por ningún lado. En este contexto, el homenaje referido en el párrafo anterior dista de complementar o de potenciar a un relato con peso propio, y por momentos llega a convertirse en un lastre. Si uno se mantiene atento es porque, como el chico, quiere saber más sobre la misteriosa muerte de su padre. Pero también, y especialmente, porque uno intuye que De la Iglesia guarda buenas cartas –giros argumentales– en su manga.

Efectivamente, aunque de un modo que no es oportuno revelar, la historia registra un vuelco que la arroja al terreno de una confrontación medular. De un lado los “viejos tiempos”, asociados con el abuelo y, más en general, con un modo de vida lanzado y bohemio. Del otro, esa “modernidad” siempre aliada de las corporaciones y acompañada por la obsesión de multiplicar el dinero caiga quien caiga, cueste lo que cueste.

Este giro logrará lo que el homenaje al western no había conseguido: sacar al anciano y su gente de esa existencia espectral que, a su pesar, tenía mucho de estampita pintoresca, y convertirlos en personajes en conflicto: presentes, creíbles, queribles, merecedores de la identificación del espectador. (Suerte que la interpretación de Sancho Gracia también crece, porque de otro modo todo hubiera sido en vano.)

Por cierto que la platea no quedará tan conforme como el chico con la reconstrucción de su historia paternal y familiar. A mí, por lo menos, me parece que quedaron varios cabos sueltos. Pero la conversión de los desvencijados dobles en cowboys no es moco de pavo. Ellos puede que no se salven; pero salvan al film, cuando ya todo parecía perdido.

¿Cómo organizar una fiesta de pijamas para niños?

Una fiesta de pijamas para niños es una forma original, entre otras, para celebrar el cumpleaños de tus hijos. Pero también puede ser por cualquier motivo, como las fiestas de tu urbanización. ¿Cómo empezar? Elige una temática en función de los gustos de tus hijos, que puede ser: su película preferida, la profesión que tanto quiere elegir para cuando sea mayor, sus animales preferidos o a lo que tanto le gusta jugar (indios y vaqueros, piratas, astronautas, princesas ¡y tantas más!).

 

 

Una vez tengas elegida la temática tienes que pensar en los siguientes puntos que desarrollo para que sea perfecta. Conseguirás que tus hijos sean súper felices, ¿qué más se puede pedir? ¡Vamos a conseguir esa fiesta perfecta que tanto se merecen!

Fiesta de pijamas para niños:

  • Las invitaciones

Las invitaciones van a ser lo primero que recibirán los amigos de tus hijos, para que tengan muchas ganas de que llegue el día lo mejor que puedes hacer es entregar invitaciones creativas. En ellas debes crear expectación a los niños y tranquilidad a los padres.

Debes reflejar en ellas:

  1. Nombre de tus hijos.
  2. La dirección de tu casa.
  3. Tu teléfono para confirmar asistencia, recuerda llamarles antes de que reciban la invitación para que tengan mayor tranquilidad del cuidado de sus hijos.
  4. La hora en la que empieza la fiesta.
  5. Lo que quieras que lleven los niños: pijama, zapatillas para estar por casa, ropa interior extra y, lo que veas conveniente. Una idea que te doy, es invitar a que vengan con el pijama del color temático que habéis propuesto para vuestra fiesta de pijamas para niños. Además, pregúntales si sus hijos tienen algún tipo de alergia para tenerlo en cuenta.

Para tener ideas de invitaciones creativas te añado unos diseños que me han gustado. Podrás encontrar más ideas en Pinterest. Y podrás encontrar materiales económicos para realizarlos en MiniInTheBox.

 

Una idea original, a la vez que práctica, es añadir a la invitación una tarjetita tematizada acorde con la fiesta en la que aparece el nombre del niño (como puedes ver en la última opción que he propuesto de Spiderman).

Este vídeo te muestra paso a paso cómo crear una invitación muy original y en la que pueden participar tus hijos.

¿Y la tarta? Si vas a celebrar el cumpleaños en la fiesta de pijamas para niños te falta la tarta… Ahora es tendencia hacer las tardas de cumpleaños de fondant. Dándole forma a la masa para crear figuras o diseños en la tarta, todo con la misma temática de la fiesta.

 

  • La decoración

La decoración debe centrarse 100% en la temática, no puedes poner nada que no se relacione con la temática o por color, al resto de la fiesta. Lo que te recomiendo es que dentro de una temática, elijas un color temático. Por ejemplo, si es de una fiesta ambientada en princesas, todo ponlo en rosa pastel: globos, guirnaldas, gorritos para los niños y todo lo demás.

Los consejos que te doy para decorar de forma creativa son:

  1. Dale un toque especial a las sillas. Pon en cada silla algo que se relacione con la temática. Por ejemplo, para la fiesta de princesas en las sillas pon tutús, lazos o coronas.
  2. Que todos los niños sean especiales. Para ello, solo tienes que o darles a cada uno algo que ponerse en la cabeza (siempre manteniendo la temática).

 

Además puedes comprar calcetines antideslizantes y antifaces iguales para que los niños vayan todos iguales, evitando siempre discriminaciones. Esto además evitará que se manchen los calcetines y así no se manchen las alfombras o sábanas de las camas. Si quieres darles un detalle por asistir a la fiesta, te recomiendo que pongas las zapatillas, los antifaces y el detalle, juntos para cada niño en una bolsa de papel.

 

Te recomiendo MiniInTheBox, PandaHall y Amazon para encontrar accesorios para dar rienda suelta a tu creatividad y conseguir diademas, gorritos y todo lo que te propongas, sin gastar mucho dinero. Te recomendamos que eches el vistazo a un post que te recomendamos antes de crear la decoración para la fiesta de pijamas para niños.

  • La comida

¿Qué comer en la fiesta de pijamas para niños? Las madres dan un respiro en la alimentación a sus niños en las fiestas, pero tampoco demasiado. Para el beneficio de la súper mami anfitriona he buscado 2 ideas rápidas, originales y sanas:

  1. Espirales rellenas de atún
    • Ingredientes (para 5 personas):
      • 1 plancha de hojaldre
      • 2 latas de atún
      • 100 gr. de queso rallado
      • Aceite
      • 1 huevo
    • Elaboración: Extendemos el hojaldre sobre una superficie lisa y espolvoreamos el queso por toda la superficie. Echamos el atún escurrido de aceite. Añadimos un chorrito de aceite. Enrollamos el hojaldre relleno en forma de brazo de gitano. Cortamos rodajas de entre 2 y 3 centímetros. Colocamos todas las rodajas sobre una bandeja de horno con papel para hornear. Pincelamos las rodajas con huevo batido (para que brillen). Precalentamos el horno a 200º y cuando esté listo el horno dejamos las rodajas 20 minutos… ¡Listo!
  2. Canapés de mozarella 
    • Ingredientes (para 5 personas):
      • 1 paquete de pan de molde
      • 6 tomates pequeños
      • Queso mozzarella
      • Molde metálico redondo para cortar el pan de molde en forma circular.
    • Elaboración: Colocamos en una bandeja el pan de molde, con ayuda del molde redondo cortamos el pan en formas circulares (ten en cuenta que el tamaño ha de ser menor que el del pan). Cuando ya los tengamos cortados, calentamos un poco de aceite en una sartén. En la sartén coloca el pan para tostarlo un poco. Cortamos los tomates en rodajas y también la mozzarella, todo en forma circular del diámetro del pan de molde. Montamos el canapé con el pan calentito para que se derrita el queso… ¡Listo!

Para darle un toque dulce te recomiendo que coloques una mesa con donuts con varios ingredientes por separado para que los más pequeños decoren sus propios donuts como más les guste.

  • Las camas

¿Tienes tantas camas como niños van a acudir a vuestra fiesta de pijamas para niños? No te preocupes, hay soluciones para todo (y sin gastar demasiado).

  1. La primera opción: camas plegables que podrás colocar después de la fiesta en cualquier rincón de la casa o el trastero, por 50€ tendrás una cama extra para muchos años. 
  2. La segunda opción: colchones individuales que colocarías en el suelo como un camping improvisado en tu salón. Desde 40€ los venden en Amazon. Si los amigos de tus hijos están cogiendo esta costumbre una buena idea que podrías proponer a sus madres, es que cada una se comprase el suyo y, al ser fáciles de llevar porque se doblan, nunca habría problemas de camas.
  3. La tercera opción: camas hinchables que han sacado hace relativamente poco al mercado. Consiste en unas camas que son como un saco para dormir pero con colchón incorporado. Desde 28€ tendrás colchón y sábanas.
  4. La cuarta opción: esterillas que colocarías en el suelo. Esta opción es la más económica.

 

  • Los juegos

¿Cómo mantener entretenidos a los niños en la fiesta? En la hora que estén comiendo estarán muy entretenidos, pero ¿qué pasa después? Esta pregunta tiene fácil solución, a continuación, menciono varios juegos en los que incluso los padres que están al cuidado de todos los niños se lo pasarán en grande.

Si quieres juegos de mesa te recomiendo que aproveches los descuentos que encontrarás en Toys R Us, además podrás elegir juegos en función del rango de edad de los invitados de la fiesta de pijamas para niños. Uno que siempre gusta es el Twister.

 

Una idea que les encanta a las niñas son clases de maquillaje. En muchas tiendas podrás encontrar sets de maquillaje por 10€ o menos, que luego puedes regalar a las niñas o sino guardar para próximas fiestas de pijamas que realices.

 

En este tipo de fiestas pueden entre todos los niños hacer un mural en una cartulina grande o papel krakft. En él que pinten, dejen mensajes, huellas de sus manos y dibujos para los niños anfitriones de la casa. Para que pinten, mira antes que la pintura que compres se pueda ir con agua fácilmente. Una recomendación sería hacer todo el mural en relación con la temática de la fiesta, se divertirán más y darán rienda suelta a la imaginación. Este recuerdo lo pueden guardar luego en su habitación, seguro que les gusta.

 

  • Los pequeños gran detalles

Para plasmar todos los recuerdos en fotos, el tipo de cámaras de fotos que te recomiendo son las especiales para los más pequeños de Barivip. Son perfectas porque con ellas se pueden también hacer vídeos, además que las puedes usar como WebCam. Tienen una cubierta extraíble que resiste el agua, va con pilas y se apaga automáticamente si no se usa durante 30 minutos.

 

Además, debes tener un pequeño botiquín de primeros auxilios por si se hicieran heridas o tuvieran algún pequeño percance. Igual que ten a mano los números de teléfonos de emergencia, por si acaso.

Por último, te recomiendo que leas el post sobre cumpleaños americano para celebrar en el jardín, donde encontrarás más ideas de juegos y de comida para la fiesta de pijamas para niños, si la temperatura lo permite.

Para no olvidarte de ningún detalle no te pierdas nuestro post sobre cómo organizar una fiesta en casa.

Crítica de Agents of S.H.I.E.L.D. (2013)

Joss Whedon está más que familiarizado con el término “potencial“, y de hecho suele construir sus obras y a sus personajes alrededor del mismo. Para hacer una buena serie de televisión cuya proyección más allá del piloto no solo sea longeva y rentable, sino que capte de verdad el interés a largo plazo del espectador, es necesario manejar con habilidad ese potencial. En los últimos años, el drama televisivo en abierto ha depositado una importancia capital en el piloto de una serie. Por esto, es muy habitual que se despliegue todo el arsenal en la primera hora, dejando al espectador con la sensación de no necesitar más. Con “Marvel’s Agents of S.H.I.EL.D.”, Whedon hace todo lo contrario, demostrando más de quince años después del estreno de su primera serie, “Buffy, cazavampiros”, que su magia sigue intacta.

“S.H.I.E.L.D.” (a partir de ahora usaré solo el acrónimo, y quizás me deshaga de los puntos) es una fuente rebosante de potencial. Un potencial que Joss, su hermano Jed y su cuñada Maurissa Tancharoen, se guardan muy bien de no realizar del todo, porque saben perfectamente que esto sería contraproducente. Por eso, esta familia bien avenida dosifica con tiento y astucia la información, jugando muy bien la carta del factor sorpresa, continuando la fusión de acción y comedia que tan bien funcionó en “Los Vengadores”, y ofreciéndonos lo justo para que salgamos satisfechos, pero sobre todo ansiosos por saber más.

Joss Whedon suele confiar en el poder del stand-alone (episodios autoconclusivos) para levantar los cimientos de una historia que acabará demandando mayor énfasis en una gran trama general. El piloto de “SHIELD” (fuera puntos) sirve como (re)introducción al universo que conocemos por las películas de Marvel a la vez que funciona como episodio-modelo de una serie que transcurre en un área desconocida de ese universo (el Nivel 7). Un “caso de la semana” que precederá a muchos otros, y que siembra la semilla de un arco mayor (que quizás empieza con la pregunta “¿cuál es el secreto tras el regreso de Coulson?”) Los que conocemos cómo funcionan sus relatos sabemos lo que Whedon y su equipo nos están preparando.

El piloto de “SHIELD” supone una carta de presentación impresionante en cuanto a despliegue (salta a la vista el presupuesto) pero prudente y discreta narrativamente hablando. Como esperábamos de él, Whedon comienza a erigir su discurso apoyándose en los personajes, y no en la pirotecnia marveliana. Es una cuestión de logística. No se puede volar Nueva York por los aires todas las semanas, y no se puede contar con Robert Downey Jr. más allá de las imágenes de archivo. Pero también es el modus operandi whedoniano. No hay problema, tenemos al agente Coulson, a un puñado de nuevos personajes que -aunque sea demasiado pronto y estén en fase de génesis- no nos avergüenza reconocer que ya queremos un poco (o mucho), y a Lola (OMG LOLA!). Los agentes de SHIELD están construidos específicamente para llevar todo el peso de la serie, para que solo con ellos nos baste para estar satisfechos. Así, las nuevas creaciones de Whedon revelan esa permanente búsqueda de aquello que hace humanos a sus personajes, algo que crea vínculos instantáneos con el espectador, como siempre.

El equipo reunido alrededor de la resucitada figura de Phil Coulson (Clark Gregg) -un Mal Reynolds en busca de tripulación para realizar misiones al margen de burocracias-, responde inequívocamente a los cánones whedonianos. Tres en concreto son los personajes que más nos recuerdan que estamos ante una obra del autor: Skye, quizás la mayor representante junto al pícaro Coulson del sentido del humor whedoniano (ese inconfundible cóctel de ingenuidad, cultura pop, autorreflexión y bobaliconería), y el dúo dinámico Fitz-Simmons, que personifican dos arquetipos del Whedonverso, y además por partida doble: son británicos y lab geeks. Tanto ellos como los miembros más veteranos y serios del equipo, Melinda May y Grant Ward, están caracterizados de manera que su individualidad brille por separado y estalle en grupo, como los scoobies, y los tripulantes de la Serenity -¿está Whedon aprovechando para hacer “Firefly” otra vez?-, los activos de la “Dollhouse” y los propios “Vengadores”. El clásico espíritu de equipo Whedon. Qué ganas de ver el icónico plano de grupo avanzando hacia la cámara.

Como decíamos, todo se reduce al potencial. Y de eso va precisamente la primera misión de SHIELD. A través de Mike Peterson, el personaje interpretado por el whedonista J. August Richards (Gunn en Angel), y del equipo liderado por el agente Coulson, los Whedon-Tancharoen nos hablan de los que no son los elegidos, de aquellos que se enfrentan al Nuevo Mundo sin poderes sobrehumanos, de los que viven cerca de los focos pero nunca los pisan, los que lo ven todo sin que nadie los vea a ellos (“No podemos explicar todo lo que vemos, pero tenemos los ojos abiertos”). Los agentes de S.H.I.E.L.D. son humanos que se desenvuelven en una parcela de la realidad (“la línea que separa el mundo del mundo más extraño”) que les exigirá constantemente hallar el alcance y el límite de sus habilidades. En un mundo de súper héroes voladores, gigantes verdes, dioses, alienígenas y monstruos, estos hombres y mujeres deben buscar aquello que los convierte no en seres especiales, sino extraordinarios. Y nosotros estamos deseando presenciar esa búsqueda, a pesar de que ya intuimos desde el piloto qué es lo que los hace únicos.

Conexiones con el Whedonverso:
– ¿Quién más pensó en el “cargo bay” de la Serenity cuando Coulson y Ward entran al avión de SHIELD?
– J. August Richards no es el único actor whedonista que aparece en el piloto. También tenemos a Ron Glass, el pastor Book de “Firefly”, que hace de doctor de SHIELD. Como forma parte de la plantilla de la organización, es muy posible que lo veamos más.
– “You can’t stop the Rising Tide” (Skye), “Can’t stop the signal”. No puede ser coincidencia.
– Volvemos a ver al übervamp y a oír el Grr Argh! del logo de Mutant Enemy. Lo echábamos de menos, ¿eh?

Lo “kafkiano” en la película Brazil (1985)

El poder como laberinto sin fin

Siguiendo con la historia del ingeniero, Kundera explica que éste se ve enfrentado a un laberinto sin fin:

Nunca alcanzará el final de sus infinitos corredores y jamás llegará a saber quién formuló la sentencia fatal. Está, por tanto, en la misma situación que Josef K ante el tribunal o el agrimensor K ante el castillo. Están todos en un mundo que es una única inmensa institución laberíntica a la que no pueden sustraerse y a la que no pueden comprender.

Sigue Kundera explicando que los novelistas anteriores a Kafka mostraban las instituciones como un cúmulo de intereses personales y sociales. El caso de Kafka, sin embargo, es diferente:

La institución es un mecanismo que obedece a sus propias leyes programadas ya no se sabe por quién ni cuándo, que no tienen nada que ver con los intereses humanos y que, por lo tanto, son inteligibles.

En Brazil, Sam Lowry forma parte de ese inmenso laberinto burocrático del que, por cierto, es una pieza muy eficiente. No se ha planteado nunca ninguna pregunta y siempre se ha sentido feliz con su humilde puesto de trabajo. La aparición, sin embargo, de su adorada Jill en su vida cotidiana le hará abandonar su placidez para encararse por vez primera con ese inmenso laberinto en que se ha convertido Obtención de Información.

Obtención de Información es un edificio imponente e intimidatorio formado por muchos pasillos e incontables puertas. Detrás de una de ellas tendrá Sam su pequeño despacho desde donde inicia su búsqueda de información de su amada. Lowry utiliza los ordenadores que ponen a su servicio para comenzar a investigar y visita luego a su amigo Jack Lint que le recibe con su impoluta bata manchada de sangre.

Tanto Josef K como el propio Sam Lowry van superando etapa tras etapa ignorando que la única salida del laberinto en el que se han metido estriba en su propia muerte. Como Teseo, Sam Lowry se introduce en el laberinto del minotauro confiando, no en un ovillo de hilo que le guíe por sus pasillos, sino el la vagarosa esperanza entrevista en sus sueños nocturnos. No es de extrañar que la realidad todopoderosa acabe aplastando a este intrépido soñador que se introduce en sus fauces.

Luis Izquierdo, a propósito de la “Fabulilla” sobre el ratón y el gato incluido en La muralla china, escribe:

Todo el monólogo del ratón es una “propuesta” literaria, la gratuita divagación de un solitario que ensimismadamente delira y se ve abocado a la trampa. Pero la trampa es lo que no ve, precisamente. La trampa es el gato. La trampa es la realidad. Lo que hay es lo que nos equivoca con respecto a lo que soñamos.

Este ratón despistado que otear el horizonte mientras se cierne sobre él la amenazadora sombra del gato es el propio Sam Lowry que da sus primeros pasos por los despachos de Obtención de Información.

El error desencadenante

El siguiente aspecto tratado por Kundera es el error desencadenante de la acción que pone en marcha la cadena de malentendidos. En El castillo, K, por ejemplo, acude al pueblo con una invitación para desempeñar su oficio de agrimensor. La invitación, sin embargo, no es más que un error burocrático ya que en la aldea no se necesita ningún agrimensor. De esta manera, su presencia allí no es más que un error.

El malentendido inicial también se halla presente en la película de Gilliam: Un insecto aplastado causa un cambio que provocará una detención equivocada; ésta acabará con la muerte del detenido.

Sam Lowry habrá de hacerse cargo de todo el papeleo derivado de este error burocrático y será cuestión de tiempo que se cruce con su adorada Jill que fue testigo de la detención errónea. De esta manera ambos se verán envueltos en un torbellino sin salida.

Dos errores empujan a los protagonistas- K y Sam- a una espiral que se ha desencadenado aparentemente sin ninguna razón. Es cierto que, en el caso de Sam, los espectadores conocemos el hecho casual que provoca la acción, pero lo que importa es que Sam Lowry lo ignora y lo único que puede hacer es moverse de aquí para allá como un animalillo asustado. Elías Canetti en su ensayo sobre El proceso explica de manera muy lúcida esta sensación de desamparo ante lo que no se conoce. Primero transcribe una carte de Kafka a Max Brod y luego pasa a comentar el texto. Por su interés creemos que vale la pena transcribir íntegro el pasaje:

En el curso de un paseo mi perro descubrió un topo que quería cruzar la calle. Se puso a saltarle encima, soltándolo una y otra vez, pues todavía es cachorro y temeroso. Al principio la escena me divirtió y ante todo me agradó la excitación del topo, que buscó un agujero en el duro suelo de la calle, desesperada e inútilmente. Pero de pronto el perro le volvió a pegar con su pata extendida y el animal chilló. Ks, kss, así chilló. Y entonces tuve la sensación…No, no tuve ninguna sensación. Sólo fue una ilusión, pues aquel día anduve con la cabeza tan pesadamente agachada que por la noche advertí que el mentón había arraigado en mi pecho.

A continuación viene el comentario de Canetti:

Cabe observar que el perro que persiguió al topo era el perro de Kafka, y él su amo. Pero para el topo que, muerto de miedo, busca en la dura calle un agujero donde refugiarse, Kafka no existe; el animal sólo tiene miedo del perro y sus sentidos sólo son receptivos para éste. Kafka, que domina majestuosamente todo en virtud de su postura vertical, su talla y su posesión del perro, que nunca podría amenazarle, se ríe primero de los desesperados e inútiles movimientos del topo. Éste no imagina que podría dirigirse a él en petición de ayuda; no ha aprendido a rezar, y sólo es capaz de emitir pequeños chillidos. Son lo único capaz de conmover al dios, lo supremo, la culminación del poder, y en el presente caso el dios incluso está presente. [8]

Como el asustado topo, los personajes de Kafka se ven vapuleados por un poder superior del que ignoran las motivaciones y al que interpelan sin recibr respuesta alguna. Sam Lowry creía conocer el extraño lenguaje de esta divinidad omnipotente pero como K y Josef K termina por sucumbir sin que su habilidad burocrática le sirva de nada. “¿Qué palabras u oraciones debo pronunciar para escapar de este terrible destino?” debía pensar Lowry a medida que su búsqueda se iba transformando en pesadilla.

La deificación del poder

El poder omnipotente que se abate sobre los indefensos individuos es, por lo tanto, inalcanzable.

Es como si existiesen dos planos separados entre sí: la realidad cotidiana que no es más que una pura ilusión y la verdadera realidad, la del poder que mueve los hilos. Milan Kundera explica el tema de la siguiente manera:

En el mundo kafkiano, el expediente se asemeja a la idea platónica. Represente la auténtica realidad, mientras que la existencia física del hombre no es más que el reflejo proyectado sobre la pantalla de las ilusiones.

Y sigue más adelante:

Si la vida del hombre no es más que una sombra y si la auténtica realidad se encuentra en otra parte, en lo inaccesible, en lo inhumano y sobrehumano, entramos en la teología. [10]

Sam Lowry, sin embargo, logrará aprovechar el aspecto “ideal” de documentos y expedientes para salvar a Hill Layton. Tiene la idea de manipular los papeles de su amada para hacerla pasar por muerta y así arrancarla a los tentáculos del poder. “Tú ya no vives. Te he matado. Anulada, ¿lo ves?. Hill Layton ha muerto” le explicará en una de las pocas escenas felices de la película. Esta treta, sin embargo, se nada habrá de servir cuando el poder omnímodo haga su brutal irrupción en el lecho donde han pasado su noche de amor.

Lo horrible de lo cómico

Cuando Kundera comenta el carácter de broma que tiene la historia del ingeniero praguense pasa a hablar del principio de El proceso:

Dos señores cualesquiera (…) sorprenden una mañana a Josef K, en su cama, le dicen que está detenido y se toman su desayuno. K, cual funcionario bien disciplinado que es, en lugar de echarlos de su apartamento, se defiende largamente ante ellos, en camisón. Cuando Kafka leyó a sus amigos el primer capítulo de su novela, todos rieron, incluido el autor.

Kundera nos explica seguidamente que lo cómico es la esencia de lo kafkiano; el ingeniero K o Josef K se encuentran encerrados en la broma de su propia vida; broma, sin embargo, que sólo lo es vista desde fuera pues la víctima lo único que experimenta es lo horrible de lo cómico. Como añade Kundera:

Lo cómico no representa un contrapunto de lo trágico (lo tragicómico) como ocurre en Shakespeare; no está ahí para hacer lo trágico más soportable gracias a la ligereza del tono; no acompaña lo trágico, no, lo destruye antes que nazca privando así a las víctimas del único consuelo que les cabría aún esperar: el que se encuentra en la grandeza (auténtica o supuesta) de la tragedia. El ingeniero ha perdido su patria y todo el auditorio ríe.

A propósito de lo tragicómico resulta interesante transcribir otro momento de la entrevista a Terry Gilliam en Positif:

-En “Bandits, bandits”, como en “Jabberwocky”, usted jugaba con la imagen de Monty Pitón, con la expectativa que produce, para ofrecer una cosa completamente diferente. “Bandits, bandits” empieza como una comedia alocada, llena de guiños satíricos, y va virando poco a poco hacia la leyenda, el cuento de hadas.
-Me alegro que diga esto porque yo encuentro todas mis películas muy románticas. “Jabberwocky” lo era, “Brazil” lo es también. Todas empiezan como comedias y viran hacia el romanticismo, o lo trágico a veces. Me gusta hecer películas extrañas, pero hay momentos en que el tono de comedia no es suficiente, y me gusta mezclar.
-Pero usted comienza siempre con el tono de comedia.
-Como en la vida ¿no?. Ésta empieza alegre, y, a medida que envejecemos, todo se vuelve más oscuro, terrible, peligroso.

Un poco más adelante, en esta misma entrevista, Gilliam comenta que esta transición de lo cómico a lo trágico no sólo se da entre película y película sino que también se produce en el seno de una misma película. Brazil es un claro ejemplo de ello y sus escenas burlescas e irónicas son innumerables. La anécdota, sin embargo, no es en absoluto divertida, en especial para Sam Lowry, y es aquí cuando llegamos a algo parecido al humor terrible de las narraciones kafkianas. Baste poner como ejemplo una escena de la película cuando Sam, prisionero ya y amordazado, recibe innumerables visitas que le acosan con preguntas. Una de ellas es de la de superior que, vestido de Santa Claus, le aconseja que se olvide de sus ideas y abandone toda resistencia.

Para los espectadores la imagen del anciano disfrazado sermoneando a Sam resulta ridícula e incluso graciosa. Para Lowry se trata de una aparición grotesca y terrible. Los propios fontaneros e incluso el torturador Jack Lint están tratados como personajes cómicos, no en vano son los representantes de un orden grotesco y sin sentido. Como bufones de un rey caprichoso acosan a Sam y, mientras él siente miedo, los espectadores ríen sus gracias.

El totalitarismo

En el capítulo tercero de sus reflexiones en torno a Kafka, Kundera comenta las distintas tendencias que producen lo kafkiano:

1) La concentración progresiva del poder que tiende a divinizarse.

2) La burocratización de la actividad social y el laberinto sin fin en que se transforman las instituciones.

3) La consiguiente despersonalización del individuo.

En palabras del propio Kundera:

Los Estados totalitarios, en tanto que concentración más extrema de estas tendencias, han puesto en evidencia la estrecha relación entre las novelas de Kafka y la vida real.

Y sobre este tema sigue más adelante:

La sociedad totalitaria, sobre todo en sus versiones extremas, tiende a abolir la frontera entre lo público y lo privado, el poder, que se hace cada vez más opaco, exige que la vida de los ciudadanos sea siempre más transparente. Este ideal de vida sin secretos corresponde al de una familia ejemplar: un ciudadano no tiene derecho a disimular nada ante el Partido o el Estado, lo mismo que un niño no tiene derecho al secreto frente a su padre o su madre.

La película de Gilliam se abre, precisamente, con una interesante entrevista al Viceministro del Ministerio de Interior donde queda patente la importancia del control total que ejerce el Estado sobre los ciudadanos. El presentador televisivo comenta a su contertulio:

Hay quines opinan que el Ministerio de Información se ha hecho demasiado grande y burocrático.

Y responde el Viceministro:

David, en una sociedad libre la información es fundamental.

La respuesta, aparte del cinismo que demuestra al calificar de “libre” la sociedad totalitaria que nos presente Gilliam, nos presenta a un Viceministro que sabe muy bien lo que dice. Efectivamente, para la supervivencia del estado policial que impera a sus anchas, es imprescindible controlar a todos los ciudadanos para sofocar cualquier intento de revolución. “La información es la llave de la prosperidad”, veremos en un rótulo, pero ¿la prosperidad de quién?. Además, Gilliam acentúa la ironía al mostrarnos junto al letrero a un militar que enseña un arma a una monja y le explica:

Esto, hermana, es un subfusil de 9 milímetros que se usa para la lacha cuerpo a cuerpo.

La ironía se repite cuando el director de la película nos muestra al pie de una colosal e intimidatorio estatua la frase:

La verdad os hará libres.

No es de extrañar, por lo tanto, que el poder establecido invada la intimidad de los ciudadanos para preservar el control. En Brazil las fuerzas policiales invaden la sala de estar de una familia mientras un niño juega junto a sus padres que miran la televisión. De la misma manera, después de pasar la noche juntos, Sam y Jill son despertados por agentes de policía que les rodean en la cama para hacerles prisioneros. Incluso los fontaneros, respaldados por los Servicios Centrales, invaden las casas particulares para reparar averías.

Tanto policías como militares o fontaneros son todopoderosos porque están respaldados por el poder invisible del Estado que justifica cualquier actuación por absurda que sea.

Un mundo burocrático

En el sexto capítulo de sus reflexiones sobre Kafka, Kundera nos habla de las prácticas microsociales que producen lo kafkiano y, junto al ámbito familiar, coloca el mundo de la oficina. Efectivamente, el propio Samsa en La metamorfosis es un funcionario que, al verse convertido en insecto, lo primero que piensa es cómo va a llegar a la oficina. Todos los protagonistas de las novelas de Kafka son funcionarios acostumbrados a la obediencia y disciplina propias de sus empleos. Kundera esquematiza este mundo burocrático de la siguiente manera:

1) Es el mundo de la obediencia. No hay libertad de acción, no hay iniciativa ni invención.

2) Es el mundo de los gestos mecánicos. Los funcionarios realizan sólo una parte de la gran acción administrativa e ignoran el sentido de lo que hacen.

3) El mundo funcionarial es el mundo de lo abstracto. Los funcionarios sólo tiene relación con anónimos y expedientes.

Sam Lowry, como los protagonistas de Kafka, también es un funcionario, y además un funcionario ejemplar. Es feliz con su humilde empleo, aunque podría aspirar a mucho más, y nunca ha cuestionado el inmenso sistema del cual es pieza insignificante. Sólo por amor a Hill se enfrentará al Poder que, como la Hidra de múltiples cabezas, no puede ser vencido.

La primera aparición de Sam en la película sucede después de una escena en la que los funcionarios parecen bailar nerviosamente al ritmo de “Brazil”. La cámara, colocada a la altura de un ser humano, serpentea y se entremezcla en el constante hormiguear del personal. Desde lo alto, Mr.Kurtzman mira su reloj, entra en su despacho y llama a Sam Lowry. Lowry entiende el mundo abstracto de los formularios y Kurtzman, que por otra parte no es muy listo, necesita frecuentemente la ayuda de su joven empleado. Éste, contento con su suerte, sólo abandonará al incompetente que tiene por jefe espoleado por su deseo de Hill.

La misma Jill Layton tendrá una escena en la película que la enfrentará a este mundo abstracto de expedientes y formularios. Así, cuando acude al Ministerio para pedir información sobre la detención errónea que ha presenciado, entabla un diálogo con un funcionario que resulta muy significativo de la jerga burocrática:

-El siguiente.
-Quiero denunciar una detención equivocada.
-Vaya a Reajustes de Información. Es otro departamento.
Vengo de Reajustes de Información. Allí me mandaron aquí. Tendo que rellenar el impreso que me darán ustedes.
-¿Tiene el recibo de la detención?
-Sí.
-¿Está sellado?
-¿Sellado?
-No, no lleva ningún sello, lo ve. No puedo entregarle el impreso hasta que le pongan el sello.
-¿Y dónde me lo ponen?
-En Reajustes de Información.

Como es evidente, la pobre Jill Layton no va a conseguir desenredar la madeja que tiene ante sí. Sam Lowry, por el contrario, para rechazar la violenta irrupción de dos fontaneros de los Servicios Centrales, se agarra a los formulismos que tan bien conoce; exige a los invasores un 27B/6 y los dos fontaneros no tienen más remedio que replegarse y posponer su invasión.

El terrorista Tuttle, en cambio, aún siendo fontanero como los de los Servicios Centrales, ama la vida de acción y exclama:

Todo el país está cuadriculado, no te puedes mover sin formularios.

Frente a este estado de cosas, él prefiere actuar por libre. No es de extrañar que el Poder le considere como un auténtico terrorista.

El elemento “fantástico” de la burocracia

Kafka, por lo tanto, sitúa sus novelas en ese mundo de la obediencia, de lo mecánico, donde parece imposible cualquier tipo de aventura humana. ¿Cómo consigue transformar ese mundo antipoético en novelas fascinantes?. Kundera explica que el escritor praguense no sólo supo ver la importancia del fenómeno burocrático para el hombre sino también “la virtualidad poética contenida en el carácter fantasmal de las oficinas”. Volviendo a la historia del ingeniero, comenta Kundera que el error de su expediente le proyecta a Londres mientras. Como un verdadero fantasma, anda vagando por Praga buscando su cuerpo perdido.

Ya hemos hablado del insecto que desencadena la acción de Brazil. Este animalillo se introduce en la maquinaria y provoca la irrupción de un ejército armado en la sala de estar de una tranquila familia. La reacción es sorprendente por lo brutal pero adquiere el carácter de alucinación o pesadilla porque carece de motivo justificado. Después de la invasión policial hace su aparición el funcionario encargado del papeleo que tiende a la esposa del detenido unas hojas para firmar. “¿Por qué se lo llevan?” balbuceará la mujer contemplando a su marido atado como un salchichón. “Este es su recibo por su marido y éste es mi recibo por su recibo” responderá el funcionario. No necesita dar explicaciones: La inmensa máquina del poder se ha puesto en marcha y no hay nadie que pueda detenerla. Para esta pobre mujer que se ha quedado viuda de repente la pesadilla ha terminado y se ha disipado con igual celeridad. Para Sam y Jill el irracional suplicio se alargará y alargará hasta un callejón sin salida.

Crítica de la película Brazil (1985)

En 1984, el cineasta británico Michael Redford realizó una versión cinematográfica de la famosa novela de George Orwell 1984. Ese mismo año, otro cineasta británico realizó una película rabiosamente orweliana; nos referimos al Brazil de Terry Gilliam donde las alusiones a 1984 son constantes a lo largo de la película.

Brazil, sin embargo, es algo más que una puesta en escena de la novela de Orwell. En la película, confluyen desde las influencias plásticas del propio director, hasta el gusto por lo cómico y, a veces, por lo grotesco, que heredó de su paso por los Monty Python. Hay, sin embargo, otra influencia en Brazil , quizás algo más velada, pero que no por ello deja de sentirse durante su visionado; siguiendo a Kundera, esta influencia parece hallarse “detrás” de la película, en su trastienda, desde donde tiñe de un color grisáceo cada uno de los fotogramas.

En estas líneas, hemos rastreado la influencia de Kafka en el Brazil de Terry Gilliam partiendo de la definición que aporta Milan Kundera de lo kafkiano. Una vez definido el concepto, lo hemos aplicado a las escenas de la película en las que dicha influencia nos ha parecido más evidente.

1. El argumento

A grandes rasgos, Brazil nos muestra un imperio de funcionarios donde vive un hombre modesto, torpe y sumiso: Sam Lowry , asentado en una existencia mediocre que sólo se ve turbada por sus sueños heroicos, aéreos, amorosos…

Sam, noche tras noche, se coloca las alas de Ícaro y vuela al encuentro de una rubia angelical. Antes de alcanzarla sus trayectorias siempre se separan y el sueño, cruelmente, se interrumpe. Un día, sin embargo, el sueño se materializa y su heroína, Jill Layton, entra en la vida de Lowry.

Por otra parte, una mañana, un escarabajo que se había aventurado a entrar en el Servicio de Información, cae dentro del ordenador que se ocupa del control de los pequeños y grandes criminales, estafadores y mendigos. Turbada por al intrusión de ese cuerpo extraño, la computadora sustituye el nombre de un saboteador muy perseguido, Harry Tuttle, por el de un honesto ciudadano, Buttle, al que se detiene con prontitud y se interroga con ferocidad provocando inevitablemente su muerte. Inmerso en la situación eventualmente, Sam decide aceptar ser ascendido al Servicio de Información por haber entrevisto a Jill de manera casual. Su vida, hasta ahora insípida, toma un cariz diabólico. Vuelve a encontrarse con Jill, a la que arrancará de las garras de sus colegas y sólo entonces la esperanza y el amor entran en su vida. El miedo y el terror, sin embargo, se suceden y Sam, convertido en el espacio de una noche en el héroe de sus propios sueños, se ve transformado al amanecer en la presa de un trampa ineludible. Como se torturador se elige a su mejor amigo, Jack Lint, y cuando éste haya terminado su trabajo, a Sam sólo le quedará el consuelo de cantar “Brazil”.

2. Capra y Kafka

En el número 288 de Positif el director Terry Gilliam comenta la imagen que dio origen a su película Brazil:

Hace algunos años buscaba paisajes naturales para “Jabberwocky” y un atardecer me encontré en un pueblo del país de Gales llamado Port Talbert. Un lugar muy feo, triste, en una región minera, la imagen de una vida desesperante. Fui a la playa, una especie de desaguadero público y allí, un individuo provisto de una radio portátil escuchaba esta música tan alegre y sincopada, evocadora de la evasión latina. Esta es la imagen de la que ha salido mi película, y yo sostenía que el título fuese el de esta canción, a pesar de todas las objeciones de la gente del estudio. Mi idea era que este título expresaba muy bien el espíritu de la película, un cruce de Frank Capra y Franz Kafka.

La música a la que alude William es evidentemente el tema “Brazil” que popularizó Xavier Cugat. A William lo que le interesa es ese contraste entre un mundo idílico pero irreal y una realidad gris y aplastante. Será esta línea divisoria entre los sueños del protagonista y la realidad exterior uno de los temas centrales de la película. Sam Lowry será una especie de Juan Nadie, un hombre de la mayoría, que se verá inmerso en una terrible trampa de la que no saldrá nunca. Pero ¿ a qué se refiere William cuando cita el nombre de Franz Kafka como decisivo en su película?¿Qué podemos considerar como kafkiano en el Brazil de Terry Gilliam ?

3. Ángel Crespo: sobre lo dantesco

Ángel Crespo en su introducción a la Divina Comedia nos comenta lo siguiente a propósito de lo dantesco:

Es muy frecuente entre nosotros el empleo del adjetivo dantesco para caracterizar a aquello que causa un horror poco menos que invencible. La prensa, en particular, suele designar como dantescas escenas tales como las de una catástrofe aérea, un terremoto, un campo de concentración o un incendio, sin advertir que no hay nada menos cultural que una generalización convertida, como en este caso, en manoseado recurso de fácil retórica; porque si bien es cierto que Dante escribe sobre escenas y escenarios que pueden provocarnos horror, no es éste, cuando menos en su intención, el horror propio de lo fortuito e irracional, de lo imprevisto y fuera de orden, sino el mucho más filosófico de los castigos providenciales, en los que no hay nada semejante a lo irracional, a lo fortuito, a lo imprevisto o a lo desordenado.

Crespo encuentra los motivos de este uso impropio del adjetivo en la interpretación de estirpe romántica que siempre se ha hecho de la Divina Comedia y que hace de los episodios más novelescos del Infierno el compendio del mensaje dantesco. Pero ¿y lo kafkiano?¿qué quiere decir una persona medianamente culta cuando explica que se vio envuelta en una situación típicamente kafkiana.

De sus palabras podemos deducir algunos datos: la expresión “verse envuelto en algo” ya nos remite a la sensación de una mosca atrapada en una telaraña y, si indagamos, nuestro interlocutor describirá el suceso como algo “inusual”, “extraño”,”alarmante”. ¿Qué hay de cierto en estas afirmaciones?¿Responde lo que cree el hombre medio a lo verdaderamente kafkiano o son, como en el caso de Dante, generalidades que limitan el haz de significados de la obra original?.

4. Milan Kundera: sobre lo kafkiano

Milan Kundera en El arte de la novela, dedica un capítulo a analizar lo “kafkiano” y comienza poniendo un ejemplo de situación típicamente kafkiana: un ingeniero praguense es invitado a un coloquio en Londres y, a su regreso, lee sorprendido que se le acusa de emigración ilegal. El ingeniero sabe que es inocente y decide solucionar su situación. Primero pide explicaciones en la redacción del periódico donde ha leído la sorprendente noticia, pero allí no tienen la culpa: el texto fue recibido del Ministerio del Interior. En consecuencia, el ingeniero se dirige al Ministerio donde le confirman que, efectivamente, se trata de un error pero que no pueden hacer nada ya que no es posible rectificación alguna. Los efectos del equívoco no tardarán en aparecer y el ingeniero, seguido por la calle y con el teléfono intervenido, no puede soportar la tensión y acaba por abandonar el país cometiendo el delito que se la había imputado falsamente al principio.

A partir de este ejemplo, Kundera analiza, punto por punto, las características de lo “kafkiano” y nosotros en nuestro artículo vamos a ir poniendo en paralelo la clasificación de Kundera con determinados pasajes de Brazil.

5. La canción de los sueños perdidos

Franz Kafka, en su relato “El nuevo abogado” nos narra la sorprendente historia del caballo de Alejandro Magno que se antropomorfiza: El mundo contemporáneo no está para grandes heroísmos y el caballo prefiere ocuparse de los papeleos de un despacho de abogados.

Como hemos visto, Sam Lowry, el protagonista de Brazil, es lo opuesto a este nuevo abogado. Su verdadera forma es la de un humilde funcionario pero, cada noche, sueña con ser un héroe, protagonista de grandes aventuras.

En este artículo que ha rastreado la influencia kafkiana en la película de Gilliam, hemos encontrado muchos paralelismos. Uno en concreto, sin embargo, se presenta como el más importante de todos: la opresión del individuo por un poder abstracto. Es aquí donde Sam Lowry se enlaza más fuertemente con un Samsa o un Josef K: sin motivo aparente se ven envueltos en una maraña que no se puede desenredar y que les va llevando hacia un final trágico.

Samsa será, literalmente, aplastado, Josef K ajusticiado y Sam verá derretidas sus alas de Ícaro cuando más cerca estaba de alcanzar el sol. Al menos éste último, perdida la razón  por completo, tiene el consuelo de cantar una y otra vez la melancólica canción de los sueños perdidos.

Crítica de How I met your mother (2014)

 

Una película del montón puede quedarse en la memoria para siempre si tiene un final impactante. Si un ensayo mediocre se remata con una frase final perfecta, la valoración sobre el texto será más positiva. Y de la misma manera, si una serie que ha estado en antena la friolera de nueve años, con sus más y sobre todo sus menos, termina con un episodio final para el recuerdo, será más fácil olvidar todo lo malo y quedarse con lo bueno. Mi relación con “Cómo conocí a vuestra madre” (How I Met Your Mother) ha sido de amor amistad-odio desde la cuarta temporada, y en sus últimos años me ha resultado muy difícil recordar por qué un día fuimos amigos. Con “Last Forever” he conseguido perdonar el insoportable estiramiento y la progresiva pérdida de gracia de la serie, gracias a un final redondo que incide en el aspecto más amargo y real de esta historia, precisamente lo que más me ha gustado siempre de ella. Y así, echando la vista atrás y haciendo balance, no puedo sino expresar mi profunda admiración por unos guionistas que han sabido elaborar un magnífico plan narrativo a largo plazo en el que todas las piezas han acabado encajando, y que han mimado su historia y a sus seguidores con un detallismo virtuoso.

Siempre he dicho que ”Cómo conocí a vuestra” madre quizás debería haber sido una dramedia, puesto que cuando más brillaba era cuando se proponía conmover y entristecer al espectador con los reveses que el destino le tenía reservado a sus protagonistas. Por eso, durante la recta final de la serie, y después de una novena temporada fallida por lo general, tuve la corazonada de que “Cómo conocí a vuestra madre” se despediría haciendo lo que mejor se le ha dado siempre, tocando la fibra sensible, dando con la nota emocional adecuada. Tenía la certeza de que “Last Forever” sería un buen final, pero lo que no imaginaba es que sería tan arriesgado (paradoja teniendo en cuenta que estaba pensado desde el principio), tan melancólico, y tan polémico. Al igual que otro ambicioso final de sitcom, el de “Will & Grace”, la series finale de Cómo conocí a vuestra madre es una coda tremendamente agridulce, poco complaciente, pero muy coherente con las trayectorias de sus personajes. “Last Forever” duele, incluso enfurece, porque no es un final de cuento de hadas, es un final que transcurre dentro de los límites de la realidad.

A través de constantes -y emocionalmente agotadores- saltos, ahora casi exclusivamente hacia adelante, el final de “Cómo conocí a vuestra madre” nos muestra cómo estos cinco amigos se enfrentan al paso del tiempo y luchan por mantener el contacto, aunque sea solo en los acontecimientos más importantes de sus vidas. Lily es el pegamento que intenta mantener a la pandilla unida por todos los medios. Pero es complicado cuando hay niños, cuando hay mudanzas, cuando no hay suficientes horas en el día y las prioridades cambian. Life happens. Mientras Lily y Marshall se mantienen como la pareja más sólida de la sitcom moderna, el resto de personajes lidian con las consecuencias de sus decisiones, afrontan los cambios y se resignan a lo que no puede cambiar. Pero todos, cada uno a su ritmo, acaban dando con aquello que les proporcionará la clave para ser feliz. En la que quizás es la escena más desarmante y enternecedora del episodio, Barney halla en la paternidad la garantía de un amor para siempre, algo que no ha conseguido con Robin (Neil Patrick Harris se despide de la serie por todo lo alto con esta escena). Puede parecer un cambio precipitado, pero recordemos que debemos considerar el factor de las elipsis, es decir, toda la evolución de la que no somos testigos, todo el dolor que no vemos, pero que sí deberíamos reconocer en los personajes. Dolor que se magnifica cuando los vemos separarse una y otra vez, distanciarse, y saludarse de forma cada vez más fría y extraña. Ver a la pandilla desintegrarse poco a poco, y en concreto a Robin perdiendo el contacto con sus amigos, conforma un final difícil de digerir, pero profundamente pertinente y franco.

Sin embargo, la decisión que más ha dividido a los espectadores ha sido la de unir a Ted y Robin en la última secuencia de la serie. Para muchos, esto supone poco menos que una traición, una puñalada al desarrollo de estos personajes a lo largo de los años. Pero precisamente ahí está la clave para entender y aceptar este final, en el paso del tiempo. Ted y Robin no huyen juntos el día de la boda de Robin y Barney. Ni siquiera tenemos garantía de que pasarán el resto de su vida juntos. Como decía, esto no es un final de comedia romántica bajo la lluvia, no es un forzado y simplón “vivieron felices y comieron perdices”. Lo suyo es un nuevo comienzo, una nueva oportunidad, después de más de quince años (es decir, de toda una vida) en los que ambos han seguido cambiando, madurando, convirtiéndose básicamente en otras personas. El Ted que aguarda a Robin con la trompa azul bajo la ventana no es el mismo que el del episodio piloto, y no es el mismo que el del resto de la serie. Si tenemos en cuenta la historia de estos personajes, que se conocen desde hace ya 25 años, sus tragedias personales, y el gran papel que la soledad (o más bien el miedo a la misma) ha ejercido en sus vidas, es una conclusión perfectamente lógica, incluso la única posible para hacer justicia a la historia y el tiempo invertido en ella. Ya no es que Ted y Robin hayan sido siempre el uno para el otro (esa descripción pertenece a Ted y Tracy), es que el tiempo, en su capricho infinito, ha dispuesto los acontecimientos de sus vidas para que lo suyo finalmente tenga sentido.
“But love doesn’t make sense! I mean you can’t logic your way into or out of it. Love is totally nonsensical, but we have to keep doing it or else we’re lost and love is dead and humanity should just pack it in. Because love is the best thing we do.” -Ted Mosby

Si lo pensamos, “Cómo conocí a vuestra madre” ha sido una serie increíblemente triste, la historia de un hombre definido por su deseo de amar y ser amado, y aplacado por un destino que nunca simpatizó especialmente con él. La muerte de la madre (que Internet llevaba ya meses vaticinando) estaba planeada desde el principio, como confirma la última conversación de Ted con sus hijos, y es la última pieza del puzzle del personaje. Es esa conversación (que los actores adolescentes grabaron en 2006) lo que da sentido completo a la serie, lo que redime finalmente a Ted -si es que todavía quedaba alguien que lo considerase un simple desesperado.

¿Por qué ha estado contando este eterno relato sobre la madre de sus hijos y esta apenas ha aparecido en él? Los hijos lo tienen claro, además de un precioso homenaje, ha sido una larga treta para buscar su aprobación, para asegurarse de que, después de la horrible pérdida de su madre, están preparados para que su padre declare su amor (eterno y sincero) a la tía Robin. Esto no invalida el profundo amor de Ted por Tracy, al contrario, lo fortalece, lo eterniza (recordad, han pasado seis años desde su fallecimiento). No nos han hecho adorar a la madre para nada, nos han hecho adorarla para que entendamos a Ted, para que seamos conscientes del lugar en el que se encuentra mientras narra su historia, para que sepamos hasta dónde llegan sus sentimientos por Robin. Y si los niños lo entienden y dan su visto bueno, ¿quiénes somos nosotros para negar a Ted y Robin un último para siempre, el que sea quizás el único resquicio para hallar la felicidad y derrotar por fin a la soledad? La tesis final de “Cómo conocí a vuestra madre” es por tanto que el amor puede ser obra del destino o el resultado de una complicada historia que abarca media vida, pero lo más importante es no dejar nunca de amar.

“Last Forever” pone el perfecto broche final a una serie muy lejos de ser perfecta (claro que una ficción longeva como esta no puede ser nunca perfecta por definición). Este desenlace contrarresta de algún modo, incluso justifica, el alargamiento de la historia, y si bien no nos hace olvidar las incontables horas de relleno, nos ayuda a despedir la serie con una sonrisa, y en mi caso (seguramente el vuestro también), más de una lágrima. Una por su gran trabajo a la hora de enlazar con el final algunos de los momentos más icónicos de la serie (el Playbook de Barney, la calabaza putón, todos los high fives, los legendary…) y utilizarlos para celebrar a sus personajes y redondear sus caracterizaciones. Otra porque podemos ver en los rostros de los actores el dolor que les causa despedirse de ellos (fue devastador ver a Alyson Hannigan interpretándose a sí misma durante todo el episodio). Una más porque nos hace reflexionar sobre la pérdida (la del amor ni más ni menos, no se me ocurre nada más lacerante), sobre lo que dejamos atrás, y aquello a lo que tenemos que renunciar para seguir adelante, sobre los cambios y la fragilidad de la amistad a medida que avanzamos en la vida. Y una última porque comprobamos que el tiempo se nos va, y no hay nada que aterrorice más, como bien sabe Ted Mosby, que verlo pasar y no haber encontrado ese “para siempre”.

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