Autor: Juanjo Conti (página 2 de 2)

Crítica de How I met your mother (2014)

 

Una película del montón puede quedarse en la memoria para siempre si tiene un final impactante. Si un ensayo mediocre se remata con una frase final perfecta, la valoración sobre el texto será más positiva. Y de la misma manera, si una serie que ha estado en antena la friolera de nueve años, con sus más y sobre todo sus menos, termina con un episodio final para el recuerdo, será más fácil olvidar todo lo malo y quedarse con lo bueno. Mi relación con “Cómo conocí a vuestra madre” (How I Met Your Mother) ha sido de amor amistad-odio desde la cuarta temporada, y en sus últimos años me ha resultado muy difícil recordar por qué un día fuimos amigos. Con “Last Forever” he conseguido perdonar el insoportable estiramiento y la progresiva pérdida de gracia de la serie, gracias a un final redondo que incide en el aspecto más amargo y real de esta historia, precisamente lo que más me ha gustado siempre de ella. Y así, echando la vista atrás y haciendo balance, no puedo sino expresar mi profunda admiración por unos guionistas que han sabido elaborar un magnífico plan narrativo a largo plazo en el que todas las piezas han acabado encajando, y que han mimado su historia y a sus seguidores con un detallismo virtuoso.

Siempre he dicho que ”Cómo conocí a vuestra” madre quizás debería haber sido una dramedia, puesto que cuando más brillaba era cuando se proponía conmover y entristecer al espectador con los reveses que el destino le tenía reservado a sus protagonistas. Por eso, durante la recta final de la serie, y después de una novena temporada fallida por lo general, tuve la corazonada de que “Cómo conocí a vuestra madre” se despediría haciendo lo que mejor se le ha dado siempre, tocando la fibra sensible, dando con la nota emocional adecuada. Tenía la certeza de que “Last Forever” sería un buen final, pero lo que no imaginaba es que sería tan arriesgado (paradoja teniendo en cuenta que estaba pensado desde el principio), tan melancólico, y tan polémico. Al igual que otro ambicioso final de sitcom, el de “Will & Grace”, la series finale de Cómo conocí a vuestra madre es una coda tremendamente agridulce, poco complaciente, pero muy coherente con las trayectorias de sus personajes. “Last Forever” duele, incluso enfurece, porque no es un final de cuento de hadas, es un final que transcurre dentro de los límites de la realidad.

A través de constantes -y emocionalmente agotadores- saltos, ahora casi exclusivamente hacia adelante, el final de “Cómo conocí a vuestra madre” nos muestra cómo estos cinco amigos se enfrentan al paso del tiempo y luchan por mantener el contacto, aunque sea solo en los acontecimientos más importantes de sus vidas. Lily es el pegamento que intenta mantener a la pandilla unida por todos los medios. Pero es complicado cuando hay niños, cuando hay mudanzas, cuando no hay suficientes horas en el día y las prioridades cambian. Life happens. Mientras Lily y Marshall se mantienen como la pareja más sólida de la sitcom moderna, el resto de personajes lidian con las consecuencias de sus decisiones, afrontan los cambios y se resignan a lo que no puede cambiar. Pero todos, cada uno a su ritmo, acaban dando con aquello que les proporcionará la clave para ser feliz. En la que quizás es la escena más desarmante y enternecedora del episodio, Barney halla en la paternidad la garantía de un amor para siempre, algo que no ha conseguido con Robin (Neil Patrick Harris se despide de la serie por todo lo alto con esta escena). Puede parecer un cambio precipitado, pero recordemos que debemos considerar el factor de las elipsis, es decir, toda la evolución de la que no somos testigos, todo el dolor que no vemos, pero que sí deberíamos reconocer en los personajes. Dolor que se magnifica cuando los vemos separarse una y otra vez, distanciarse, y saludarse de forma cada vez más fría y extraña. Ver a la pandilla desintegrarse poco a poco, y en concreto a Robin perdiendo el contacto con sus amigos, conforma un final difícil de digerir, pero profundamente pertinente y franco.

Sin embargo, la decisión que más ha dividido a los espectadores ha sido la de unir a Ted y Robin en la última secuencia de la serie. Para muchos, esto supone poco menos que una traición, una puñalada al desarrollo de estos personajes a lo largo de los años. Pero precisamente ahí está la clave para entender y aceptar este final, en el paso del tiempo. Ted y Robin no huyen juntos el día de la boda de Robin y Barney. Ni siquiera tenemos garantía de que pasarán el resto de su vida juntos. Como decía, esto no es un final de comedia romántica bajo la lluvia, no es un forzado y simplón “vivieron felices y comieron perdices”. Lo suyo es un nuevo comienzo, una nueva oportunidad, después de más de quince años (es decir, de toda una vida) en los que ambos han seguido cambiando, madurando, convirtiéndose básicamente en otras personas. El Ted que aguarda a Robin con la trompa azul bajo la ventana no es el mismo que el del episodio piloto, y no es el mismo que el del resto de la serie. Si tenemos en cuenta la historia de estos personajes, que se conocen desde hace ya 25 años, sus tragedias personales, y el gran papel que la soledad (o más bien el miedo a la misma) ha ejercido en sus vidas, es una conclusión perfectamente lógica, incluso la única posible para hacer justicia a la historia y el tiempo invertido en ella. Ya no es que Ted y Robin hayan sido siempre el uno para el otro (esa descripción pertenece a Ted y Tracy), es que el tiempo, en su capricho infinito, ha dispuesto los acontecimientos de sus vidas para que lo suyo finalmente tenga sentido.
“But love doesn’t make sense! I mean you can’t logic your way into or out of it. Love is totally nonsensical, but we have to keep doing it or else we’re lost and love is dead and humanity should just pack it in. Because love is the best thing we do.” -Ted Mosby

Si lo pensamos, “Cómo conocí a vuestra madre” ha sido una serie increíblemente triste, la historia de un hombre definido por su deseo de amar y ser amado, y aplacado por un destino que nunca simpatizó especialmente con él. La muerte de la madre (que Internet llevaba ya meses vaticinando) estaba planeada desde el principio, como confirma la última conversación de Ted con sus hijos, y es la última pieza del puzzle del personaje. Es esa conversación (que los actores adolescentes grabaron en 2006) lo que da sentido completo a la serie, lo que redime finalmente a Ted -si es que todavía quedaba alguien que lo considerase un simple desesperado.

¿Por qué ha estado contando este eterno relato sobre la madre de sus hijos y esta apenas ha aparecido en él? Los hijos lo tienen claro, además de un precioso homenaje, ha sido una larga treta para buscar su aprobación, para asegurarse de que, después de la horrible pérdida de su madre, están preparados para que su padre declare su amor (eterno y sincero) a la tía Robin. Esto no invalida el profundo amor de Ted por Tracy, al contrario, lo fortalece, lo eterniza (recordad, han pasado seis años desde su fallecimiento). No nos han hecho adorar a la madre para nada, nos han hecho adorarla para que entendamos a Ted, para que seamos conscientes del lugar en el que se encuentra mientras narra su historia, para que sepamos hasta dónde llegan sus sentimientos por Robin. Y si los niños lo entienden y dan su visto bueno, ¿quiénes somos nosotros para negar a Ted y Robin un último para siempre, el que sea quizás el único resquicio para hallar la felicidad y derrotar por fin a la soledad? La tesis final de “Cómo conocí a vuestra madre” es por tanto que el amor puede ser obra del destino o el resultado de una complicada historia que abarca media vida, pero lo más importante es no dejar nunca de amar.

“Last Forever” pone el perfecto broche final a una serie muy lejos de ser perfecta (claro que una ficción longeva como esta no puede ser nunca perfecta por definición). Este desenlace contrarresta de algún modo, incluso justifica, el alargamiento de la historia, y si bien no nos hace olvidar las incontables horas de relleno, nos ayuda a despedir la serie con una sonrisa, y en mi caso (seguramente el vuestro también), más de una lágrima. Una por su gran trabajo a la hora de enlazar con el final algunos de los momentos más icónicos de la serie (el Playbook de Barney, la calabaza putón, todos los high fives, los legendary…) y utilizarlos para celebrar a sus personajes y redondear sus caracterizaciones. Otra porque podemos ver en los rostros de los actores el dolor que les causa despedirse de ellos (fue devastador ver a Alyson Hannigan interpretándose a sí misma durante todo el episodio). Una más porque nos hace reflexionar sobre la pérdida (la del amor ni más ni menos, no se me ocurre nada más lacerante), sobre lo que dejamos atrás, y aquello a lo que tenemos que renunciar para seguir adelante, sobre los cambios y la fragilidad de la amistad a medida que avanzamos en la vida. Y una última porque comprobamos que el tiempo se nos va, y no hay nada que aterrorice más, como bien sabe Ted Mosby, que verlo pasar y no haber encontrado ese “para siempre”.

Malta con huevo

Malta con huevo es la primera pelí­cula del director Cristóbal Valderrama. Una comedia negra enmarcada en ese estilo de pelí­culas freaks, con historias insólitas y situaciones absurdas. Algo parecido al trabajo del español Alex de la Iglesia.

La historia tiene como protagonista a Vladimir (Diego Muñoz) el tí­pico joven parrandero, fresco, mujeriego y flojo que se va a vivir con Jorge (Nicolás Saavedra), el amigo ordenado y responsable, aparentemente dispuesto aguantar el caos del compañero de casa. Todo hasta el momento transcurre bastante normal hasta que Vladimir comienza a vivir extraños saltos en el tiempo.

Lo que más se agradece de esta extraña historia es justamente eso, la fantasí­a, el juego y la forma de abordar la comedia. Por otra parte, muchos de los diálogos son memorables tiene el toque cotidiano, inteligente y espontáneo que recuerda las conversaciones habituales que se tienen con el partner y amigo de carrete.

Un aspecto original de la cinta (teniendo en cuenta sólo la producción nacional), es que cuenta una misma anécdota desde dos puntos de vistas distintos: primero vemos la versión de Vladimir y en la segunda parte, la historia de Jorge. Un buen acierto en el montaje del relato.

La cinta es coherente con lo que busca, no es pretenciosa. Es una buena comedia para pasar el rato y reí­rse de situaciones bizarras y de los traspiés de compartir el hogar con amigos.

Ficha técnica:
Tí­tulo: Malta con Huevo
Formato de Registro: HD
Formato de Exhibición: 35mm / Color
Género: Comedia
Duración: 90 minutos
Dirección: Cristóbal Valderrama
Guión: Cristóbal Valderrama y Carlos Labbé
Producción ejecutiva: Alberto Fuguet y Sebastián Varela
Producción general: Margarita Ortega
Dirección de fotografí­a: Jorge González
Dirección de arte: Constanza Meza-Lopehandí­a
Montaje: Teresa Viera-Gallo
Sonido: Boris Herrera
Asistencia de dirección: René Martí­n
Canciones: La Floripondio / Chico Trujillo
Música: Cristián Schmidt
Elenco principal: Diego Muñoz (Vladimir)
Nicolás Saavedra (Jorge)
Javiera Dí­az de Valdés (Rocí­o)
Manuela Martelli (Fedora)

Crítica de How to make it in America (2010)

La obsesión de ciertos escritores y creadores audiovisuales contemporáneos consiste en recolocar el producto de esa juventud soñadora y ambiciosa, desamparada en mitad de un contexto de crisis (no solo económica), que necesita un mundo propio a través del cual conducir sus vidas. En “Ahora sabréis lo que es correr” Dave Eggers dibuja una intensa carrera alrededor de varios continentes en busca de esa minúscula parcela que otorgue a sus protagonistas el sentido de la vida que su mediocre existencia doméstica ha escamoteado. Cuando no hay lugar para los porqués o los para qué, para las preguntas incómodas que activan nuestra búsqueda vital, hace falta crear un nuevo espacio que nos ayude en este work in progress personal. “Buscarse la vida en América” (Ian Edelman, 2010-11) responde a esos objetivos: narra, como si de una batalla se tratase, el inevitable conflicto entre (buenos) propósitos y resultados; cómo gestionar la espera cuando los proyectos no cuajan; cómo perseverar, aumentando la dosis de optimismo, cuando pincha la expectativa.

Ben y Cam, los protagonistas de la serie, se mueven por las calles de Nueva York con el mismo flow con el que Aloe Blacc grita en los créditos “I need a dollar”. Sin detenerse, como si emanase tal cantidad de energía de su interior que fuesen incapaces de interrumpir su conquista de ese futuro que, una y otra vez, rozan con la punta de los dedos. El trauma del 11-S, con su promesa de recordar la vulnerabilidad de que estamos hechos, parece evaporarse en una serie que, como decía Jay-Z, recupera la ciudad de Nueva York como esa jungla de cemento donde soñar es posible. En esta Nueva York de acento capriano, Ben y Cam atraviesan diferentes estadios de su etapa madurativa, negociando con sus emociones mientras dan un pequeño paso hacia su meta. Y nunca dejan de soñar, imaginando un modesto negocio de monopatines, intentando abrir hueco en el terreno de la moda urbana con una marca textil que, en un mundo tan competitivo y cosificador, sea más que una marca.

Cada vez que hablamos de esa blank generation que, a diferencia de los jóvenes millonarios de Silicon Valley, tiene que partirse el espinazo por conseguir una entrevista personal o cinco minutos de nuestro tiempo, nos preguntamos qué les/nos mueve a no desfallecer. En “Buscarse la vida en América” los esfuerzos de Ben y Cam precipitan la creación de Crisp, algo más que una marca. De hecho, parte de la serie está dedicada a desentrañar la importancia de Crisp, hasta qué punto es el símbolo de una amistad a prueba de tentaciones, la demostración de que se pueden alcanzar los sueños sin trampear ni poner la zancadilla o la ilustración de un estado de ánimo. Porque, sí, quizá Edelman sea incapaz de frenar sus impulsos morales, aprovechando cualquier oportunidad para dibujar una imagen paternalista con sus personajes, pero a veces hay que aceptar esa clase de tutela para percibir una parte de la realidad que se nos escapa: tenemos los recursos, aprovechémoslos.

A veces naïf a veces sincera, “Buscarse la vida en América” construye un microcosmos juvenil trufado de ambición, sensibilidad y ganas de correr riesgos. La crisis se esconde en cada amago de insatisfacción al sentir que hemos tomado la decisión equivocada, que no conseguimos enganchar ese estado de optimismo que nos permite avanzar en la vida. En ocasiones, avanzar en la vida significa, como en el caso de Cam, redefinir el paisaje de blocks que encierran una imagen limpia de la ciudad y su horizonte de oportunidades. En ocasiones, como en el caso de Ben, avanzar en la vida significa erradicar su insatisfacción vital, ese ardor de estómago que tiñe de decepción todo lo que toca (familiar, laboral y sentimentalmente), condenándole a ver el vaso medio vacío. Hace falta negociar con nuestra frustración (aunque eventualmente la toleremos), porque es la clave para no desfallecer mientras buscamos nuestro porvenir.

En “Buscarse la vida en América”, los personajes van y vienen, caminan en círculos o parecen proyectiles disparados hacia una diana concreta. Cada capítulo es un obstáculo y una prueba de valor, en tanto que el sueño amenaza con evaporarse y en una ciudad como Nueva York nunca es difícil encontrarse con alguien que lo ha conseguido antes que tú. Hay algo de obsesivo en la serie creada por Ian Edelman. Sus artífices se afanan en expresar cada estado emocional, cada esperanza y cada nuevo encuentro profesional como un paisaje mutante que gira en torno a la necesidad: la necesidad de creer en los sueños, la necesidad de creer que podemos acomodar nuestra forma de ver las cosas en el mundo, la necesidad de confiar, en uno mismo y en su generación, la necesidad de sentirnos vivos. Ese es el estado de ánimo que define a Crisp. Ese es el estado de ánimo que nos define.

Crítica de Homeland S03 (2013)

Esta entrada incluye spoilers del final de la tercera temporada de “Homeland”.

Aquello de “todo lo que sube rápido, baja rápido” debería estar escrito en letras grandes en la pared de todas las cadenas de televisión. Sabemos que hoy en día es muy importante que una serie sea buena desde el principio, porque la oferta es demasiado extensa y el espectador del siglo XXI ya no tiene tanta paciencia, ni tiempo. Pero también sabemos que cuando una serie juega todas sus cartas en la primera temporada, ganándose los vítores de público y crítica desde el minuto cero, es inevitable que la trayectoria después de esto sea descendiente. “Homeland” se ha convertido en el caso modelo para ilustrar esta tendencia. Su primera temporada se llevó de calle a todo el mundo. La segunda entrega, aunque empezaba a renquear, se las arregló para mantenerse fresca, para sorprender y seguir enganchando. Sin embargo, la tercera, que acaba de tocar a su fin en Estados Unidos, ha puesto de acuerdo a todo el mundo en una cosa: “Homeland” debería haber sido una miniserie.

Pero estamos hablando de Showtime, una cadena conocida por exprimir sus éxitos hasta lo indecible. Y si no mirad lo que hizo con “Dexter”, que duró ocho años en antena. Showtime ha demostrado que le da igual que la reputación de sus series salga perjudicada mientras estas sigan siendo rentables, y que estirar una cuerda que ya no puede tensarse más no es un problema para ellos. La de “Homeland” se ha roto esta temporada, y aunque quizás no debamos sacar conclusiones precipitadas, da la sensación de que no tiene arreglo. Muchos achacan el bajón de calidad de la serie al fallecimiento de uno de sus capitanes, Henry Bromell. Y aunque la desaparición de uno de sus principales guionistas puede relacionarse directamente con la trágica desorientación que ha experimentado la primera mitad de la nueva temporada, Bromell había dejado escrito antes de marcharse el episodio “Tower of David”, uno de los peores (si no el peor) de lo que llevamos de serie. Vamos, que el destino de “Homeland” estaba sellado antes de la muerte de Bromell. Y al final se ha revelado que su mayor virtud, ir a por todas, sin miedo, sin mirar atrás, ha sido también su peor enfermedad.

“Homeland” se ha convertido en el cuento de nunca acabar. La muerte de Abu Nazir al final de la segunda temporada otorgaba cierre al arco argumental más importante de la serie. Pero el terrorismo no se acaba, y la bomba de Langley servía como reset de la historia, que a partir de ahora se dirigiría en otra dirección. Todo estaba bien planeado y atado (el vídeo de Brody, el demencial plan de Saul y Carrie para utilizar a Brody) pero la primera mitad de la nueva temporada incurría en todos los errores de una serie a la que se le ha acabado la mecha y debe seguir a la fuerza. Falta de propósito, tramas secundarias descolgadas, personajes desaprovechados, relleno, repetición. Y en consecuencia: hastío y aburrimiento, esa sensación de estar haciendo los deberes que arruina la experiencia de las que un día fueron nuestras series favoritas. Algo que no pensábamos que “Homeland” nos daría hasta que Dana Brody atropelló a una mujer junto al hijo del vicepresidente en la segunda temporada. En ese momento se encendió el piloto rojo (¡que te veo, tiburón!). Peligro, “Homeland” empieza a parecer de verdad un drama Showtime. Y de ahí a la autoparodia hay un paso, como hemos comprobado este año.

Porque Carrie Mathison es un gran personaje, y Claire Danes es una gran actriz. Pero la intensidad de su interpretación y las idiosincrasias extremas del personaje, por muy fascinantes que fueran, corrían el riesgo de cansar. Y así ha sido. Las muecas de Danes son un reflejo de la espiral de repetición en la que la serie se ha perdido. Y la frase estrella de Carrie, “He cometido un error. No volverá a ocurrir”, debería ser su nuevo eslogan. “Homeland” se ha ido transformado poco a poco en una serie formulaica: Carrie tiene una teoría o un presentimiento, Saul (que aunque parezca lo contrario siempre confía en ella) le da órdenes y ella las desobedece. Siempre acierta, pero hay consecuencias. Vuelta a empezar. Lo que mejor funcionaba de las dos primeras temporadas era esa enervante incertidumbre que nos provocaban los personajes, las dudas que despertaban sus acciones, sus alianzas. No fiarse de nadie era divertido. Pero ese juego de despistes y engaños, magistralmente utilizado hasta ahora, ha desaparecido. Hay un límite de veces que se puede recurrir a la doble jugada. Sí, aunque estemos hablando de una serie de espionaje.

Haber alargado “Homeland” ha hecho que la serie pierda verosimilitud trágicamente. A pesar de estar profundamente arraigada en nuestra realidad geopolítica, nunca ha dejado de ser una ficción que ha requerido suspender la incredulidad (y nosotros hemos aceptado encantados, porque el material lo merecía). Pero el pacto que existía entre ficción y espectador empezó a resquebrajarse con los nuevos episodios, y cada vez costaba más hacer la vista gorda con determinados giros y acontecimientos (sin ir más lejos, Carrie paseándose por Teherán mientras Brody lleva a cabo la doble jugada definitiva para asesinar a Akbari… en fin). Muchos se han cansado de participar en este juego, a pesar de que se ha tratado de fundamentar trazando una especie de nuevo núcleo temático: el declive de la CIA (“No creo que nada justifique el daño que provocamos” -Quinn). No está mal, pero ya es demasiado tarde.

A pesar de la pérdida de sutilidad e impacto que ha sufrido la serie, la tercera temporada ha sabido retomar el cauce y terminar con buen pie. De hecho, si no fuera porque sabemos que habrá cuarta temporada, “The Star” (3.12) sería una gran series finale -ojalá lo fuera de verdad. Los productores llevaban mucho tiempo planeando sacar a Nicholas Brody del relato, porque como nosotros, ellos también eran conscientes de que su personaje tenía fecha de caducidad. El problema es no haber aceptado que la fecha de caducidad de Brody era la misma que la de “Homeland”. Su impactante muerte en “The Star” deja la serie sin uno de sus dos protagonistas (sí, Saul ha tenido más protagonismo este año, pero ya me entendéis), y aunque el centro de la historia siempre ha sido Carrie, con Brody se marcha gran parte de la esencia de “Homeland”. Se lo dice Javadi a Carrie al final: “Siempre ha sido por él. Querías que todos lo vieran a través de sus ojos”. Por todo esto, “The Star” es un final final. Ese precioso plano de Carrie dibujando la estrella de Brody en el homenaje de Langley es un broche de oro y representa brillantemente qué ha sido “Homeland”, y quién es Carrie Mathison. ¿Pero ahora qué? ¿Nos interesa una nueva “Homeland”? ¿Nos convence una relación entre Carrie y Quinn? ¿Merece la pena seguir sólo porque Dana ya no está en la serie? ¿Y si Brody no está muerto y no es más que otra doble jugada? Da igual el camino que tome, la “Homeland” que conocíamos ha muerto. Descanse en paz.

RICK Y DICK HOYT: UNA HISTORIA DE PELÍCULA

Rick y Dick Hoyt es la historia de un padre que nunca dejó de luchar por alcanzar la felicidad de su hijo.

Esta historia de película inició en Winchester, EEUU, hace casi cincuenta años con el nacimiento de Rick, el mayor de los tres hijos de Dick Hoyt. Durante el parto, el cordón umbilical se enroscó en el cuello del niño y lo estranguló, un problema que impidió la oxigenación del cerebro, provocando una lesión cerebral con daños irreversibles que lo incapacitaron para hablar y controlar los movimientos de los miembros de su cuerpo.

A los nueve meses de edad, los médicos le dijeron a los padres del bebé: “Líbrense de él, es mejor internarlo. Él será un vegetal toda su vida”. Dick y su esposa lloraron durante días pero finalmente decidieron tratarlo como un niño normal. Rick estuvo lleno de amor aunque nadie sabía hasta qué punto él percibía este tipo de emociones y sensaciones que lo rodeaban.

Sus padres jamás desistieron y a los once años lo llevaron al departamento de ingeniería de Tufts University para comprobar sus posibilidades de comunicarse. Aquí le dijeron que no existía ninguna forma, que su cerebro carecía de cualquier tipo de actividad. Entonces, sus padres pidieron que contaran un chiste y Rick comenzó a reír, y sus padres dijeron que algo debía haber ahí dentro para provocar, al menos, esa sensación.

Estos científicos desarrollaron un sistema de comunicación para el niño basado en movimientos laterales de la cabeza, la única zona de su cuerpo que podía mover. De esta manera, él podía elegir letras que iban pasando por una pantalla y, muy lentamente, formar palabras.

Rick era un niño muy participativo y así fue como inició la idea de empezar a correr. Cuando un colega de la escuela sufrió un accidente y quedó paralítico se organizó una carrera para recaudar dinero para el tratamiento. Rick, a través del ordenador pidió: “Papá, tengo que hacer algo por él, quiero participar. Tengo que mostrarle que la vida continúa, aunque él esté paralizado. Quiero participar en la carrera”.

Su padre, tenía entonces cuarenta años y no era atleta, corría tres veces por semana para mantener el peso. Poco a poco, empezaron a correr y llegaron hasta la línea de meta. Después de esa carrera, Dick tenía el cuerpo adolorido pero su hijo le dije “Papá, durante la carrera sentí que mi deficiencia desaparecía, me sentí como un pájaro libre”.

Estas palabras cambiaron para siempre la vida de Dick, que quiso dar a su hijo esa sensación cada vez que pudiera. Por ello, comenzó a entrenar y finalmente se propusieron incluso un triatlón, algo que conmovió al resto de participantes.

Actualmente, Rick tiene 46 años, se graduó en educación especial en la Universidad de Boston. Ya no vive con sus padres, vive solo con la ayuda de personas que lo asisten. Su padre, escribió un libro y creó una fundación para ayudar a otros personas con parálisis cerebral.

Tartas fondant para niños: recetas de cumpleaños

Una de las cosas más especiales en el cumpleaños de un niño es la tarta. Por eso, hay que tenerlo todo bien preparado: saber sus gustos, conocer qué está de moda, qué sabores le gustan… Para que puedas personalizar al máximo el pastel, lo mejor es hacerlo tú mismo desde cero. Por este motivo, hoy te traigo cómo hacer tartas fondant para niños.

¿Te imaginas su cara cuando vea la tarta de su superhéroe favorito? ¿O de sus dibujos animados que tanto le gustan? No te pierdas estas recetas de tartas fondant para niños y disfruta su día más importante del año.

 

¿Cómo hacer fondant en casa y teñirlo de color?

Como sabrás, el fondant puedes comprarlo ya hecho directamente y teñido con los colores que necesites. Sin embargo, te propongo que lo elabores tú mismo y aprendas a cómo hacerlo y teñirlo con tus propias manos. Puede ser muy divertido, ¡toma nota! En este caso, te enseñaré a prepararla con nubes. ¿Qué vas a necesitar?

  • 200 g de nubes (efectivamente, las chucherías de nubes de toda la vida)
  • 400 g de azúcar glas. Si quieres modificar cantidades, necesitas el doble de azúcar glas que de nubes.
  • Mantequilla.
  • 1 cucharada sopera de esencia de azahar.

Lo primero que debes hacer, es untar un bol de cocina con mantequilla y llenarlo con la bolsa de nubes. Puedes hacerte con ellas en Tu Despensa. Añade la cucharada de esencia de azahar para darle un toque más especial e introduce el bol en el microondas. La esencia de azahar no es imprescindible, pero le da un muy buen toque a la receta. Puedes encontrar diferentes clases en Rakuten. El tiempo puede variar dependiendo del tiempo de microondas, pero déjalo hasta que veas completamente derretidas las nubes.

Una vez esté listo, añade el azúcar glas poco a poco y ve amasando con tus propias manos hasta que tengas una masa consistente.

Terminado esto, envuélvelo en papel film e introduce la bola en el frigorífico durante 24h. Tu masa de fondant estará lista para trabajar una vez haya pasado el tiempo.

Para teñir el fondant, puedes hacerlo mediante dos técnicas:

  • Colorante en pasta o en gel: mete un palillo dentro del bote de colorante y extiéndelo por encima de la masa de fondant, amasando bien la bola hasta que tenga por todos lados un color uniforme.
  • Colorante en polvo: de igual manera, pon una cucharadita en la bola y amasa bien para que se extienda el color.

Si quieres, puedes echarle un vistazo al vídeo para aclararte mejor sobre cómo hacer fondant.

Ahora sí que sí, ¡vamos a las tartas fondant para niños!

Tarta fondant de fútbol con chocolate

Como a la mayoría de los niños les encanta el fútbol y el chocolate, aquí tienes una tarta fondant de un campo de fútbol.

Ingredientes:

  • 6 huevos
  • 250 g de azúcar
  • 375 g de chocolate en polvo
  • 250 g de harina
  • 1 sobre de levadura
  • 250 ml de leche
  • 120 ml de aceite de girasol
  • Manga o jeringuilla pastelera
  • 500 g fondant verde

Lo primero de todo es precalentar el horno a 200ºC. Con una batidora, levanta bien las claras, añade las yemas, el azúcar y el aceite para seguir batiendo. La batidora no es necesario que sea ninguna en especial, pero puedes hacerte con una de estas en Rakuten desde 15€.

A continuación, disminuye la velocidad de la batidora y añade la harina mezclada con la levadura y el chocolate. Añádele leche y sigue batiendo.

Introduce todo al horno durante unos 45 minutos a 170ºC. El relleno puedes prepararlo con lo que más le guste, en mi caso lo hice de chocolate blanco. Para ello, tendrás que mezclar chocolate blanco para fundir, nata y mantequilla.

Ahora viene la parte divertida, el fondant. Ya lo hayas comprado o hecho tú mismo, tendrás que cubrirlo todo con masa de fondant verde para simular el césped del campo de fútbol. Procura que quede lo más ajustado y liso posible.

Una vez hecho esto, toca dibujar el campo. Para hacerlo, puedes ayudarte de una jeringuilla o manga pastelera, que puedes encontrar en Amazon. Tengo que confesar que ésta es una de mis tartas fondant para niños preferida, ¡me encanta el fútbol!

Cuando tengas el dibujo completo, puedes darle a la tarta de fútbol un toque más profesional con algún pack de decoración de tartas de jugadores, porterías, etc.

 

Tarta fondant de Minion

Que los Minion están hasta en la sopa es ya un hecho innegable, ¿por qué no aprovechas y haces una de las tartas fondant para niños de los Minion? Para elaborar correctamente la receta, tendrás que elaborar 3 bizcochos pequeños. Los ingredientes que necesitas son:

  • 1 bote grande de Nutella
  • 1 l de nata para montar
  • ½ vaso de azúcar
  • Almíbar ligero: 1 vaso y medio de agua
  • 3 discos de cartón algo más pequeños que los bizcochos

Para el fondant:

  • 500 g de fondant amarillo
  • 250 g de fondant azul
  • 100 g de fondant blanco
  • 20 g de fondant negro
  • 100 g de fondant marrón

Para esta receta, deberás elaborar los bizcochos previamente (sirve cualquier modelo, puedes aprender a hacerlo en este post). El primer paso a realizar es poner en fuego el azúcar y el agua durante unos cinco minutos. Si quieres, puedes agregar un toque de vainilla en rama para aromatizar el bizcocho. Encuéntrala en Tu Despensa.

Monta la nata con la batidora y agrega poco a poco la nutella. Si no sabes cómo hacerlo, puedes aprender a montar nata.

A continuación, parte cada bizcocho en 3-4 pisos. Ten en cuenta que el último corte es para quitar el “gorrito” que haya salido al hornearlo y dejarlo liso. Quita el “gorrito” en dos de los bizcochos y en el tercero déjalo tal cual haya salido del horno. Recuerda que puedes hacerte con todos los electrodomésticos al mejor precio en tiendas como Conforama, AliExpress o Amazon.

Empapa cada base con cuidado con el almíbar y rellénalo con la mezcla que hiciste de nata y nutella. Guarda un poco para cubrir por fuera el pastel y que se pegue el fondant. Monta todas las bases de los bizcochos formando una torre bien alineada con el “gorrito” como última pieza.

Cada vez que termines de montar un bizcocho completo, coloca a modo de separación los discos de cartón o de lo contrario se vendrá abajo la torre.

A continuación, cubre todo el bizcocho por fuera con la mezcla de nata-nutella y déjalo enfriar en la nevera durante 2 horas aproximadamente.

El siguiente paso es estirar bien el fondant amarillo con un rodillo de cocina y colocarlo encima de la tarta, ajustando bien con las manos.

Una vez listo, estira el fondant azul y corta una tira de tres dedos aproximadamente que cubra la parte de abajo. Para que quede bien pegado, ayúdate de un pincel mojado por unas gotitas de agua. Con la ayuda de un cuchillo, dibuja con el fondant azul restante el peto que siempre llevan los Minion. Te dejo una foto para que te sea más fácil ver su forma:

 

Los últimos detalles de la cara del Minion son el ojo, que tendrás que combinar el fondant negro, blanco y marrón, como verás en la siguiente imagen. Para conseguir el gris de las gafas, puedes mezclar el color blanco con el negro y conseguirás el gris.

 

Finalmente, vas a necesitar dos cilindros de fondant amarillo para los brazos y dos azules para las piernas. Podrás pegarlos al cuerpo como en los pasos anteriores con un poquito de pincel y agua. Para los pelos de la cabeza haz unas tiras finitas negras y cúrvalas un poco para darle ese toque tan característico. Et voilà! La segunda de tus tartas fondant para niños está lista, solo queda disfrutar de ella e hincarle el diente a este Minion.

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Tartas fondant para niños: Spiderman

Spiderman ha sido siempre uno de los superhéroes favoritos de los niños, al mismo tiempo que las tartas fondant para niños de superhéroes son las más clásicas. Aquí tienes al famoso hombre araña hecho tarta. ¿Qué necesitas?

  • 4 huevos grandes
  • 250 g de azúcar
  • 250 g de harina
  • 250 ml de aceite de girasol
  • 250 ml de agua
  • 165 g de cacao en polvo
  • ½ taza de leche y pepitas de chocolate
  • 2 cucharaditas de levadura
  • 2 cucharadas de maicena
  • 2 cucharaditas de extracto de vainilla
  • 1 cucharadita de sal
  • Nata (opcional)
  • 500 g de fondant rojo

Para su elaboración, primero deberás precalentar el horno a 180ºC. Engrasa y enharina 2 moldes para horno.

Mezcla los ingredientes secos (azúcar, cacao en polvo y la maicena) hasta que estén bien homogeneizados y añade el aceite vegetal, los huevos y el extracto de vainilla. Bátelo todo hasta que estén bien mezclados los ingredientes. Una vez estén listos, añade el agua y remueve con una cuchara de madera para mezclarlo. Añade las pepitas de chocolate y sigue batiendo la mezcla.

A continuación, distribuye la mezcla resultante entre los dos moldes e introdúcelos al horno durante media hora aproximadamente. Para saber si está, puedes introducir un palillo en el centro y si sale seco, es que está listo.

Transcurrido el tiempo, retira los moldes del horno y déjalos enfriar durante 15 minutos antes de sacarlos de su molde.

Antes de dedicarte al fondant, tendrás que hacer un último y sencillo paso: corta la parte abombada para que este quede totalmente plano y agrégale una capa de nata en el centro para rellenar el pastel. Por supuesto, la nata es opcional, y puedes añadir lo que tú quieras.

Para hacer el Spiderman y terminar esta tarta de fondant, tendrás que extender el fondant rojo y cubrir todo el pastel a su alrededor. Tras esta primera capa, vas a necesitar un rotulador especial para pasteles que te permita dibujar las rayas negras y los ojos del traje de Spiderman. Necesitarás un rotulador comestible negro y otro blanco.

 

Las tartas fondant para niños son una idea muy original de hacer más especial el día de su cumpleaños, representándolo con sus personajes favoritos. ¿Has hecho alguna tarta de fondant alguna vez? ¿qué más ideas se te ocurren?

Si eres un amante de las recetas, no puedes dejar de visitar estas recetas caseras de postres que no engordan, cómo hacer mug cakes dulces o las recetas más sabrosas de helados caseros.

Clásicos Disney y películas con personajes reales: Completa la colección

Clásicos Disney: “La Cenicienta”

Cenicienta es la protagonista de esta película de dibujos animados de 1950. La historia se basa en la versión francesa del cuento “Histoires ou Contes du Temps Passé” de Charles Perrault. Se trata de una sirvienta en su propia casa, cuya función es atender las necesidades de su madrastra y sus dos hermanastras. Sus únicos amigos son los pájaros y los ratones, su única compañía hasta que un zapato de cristal da un giro a su vida. Fnac pone a tu disposición este clásico de Disney, “La Cenicienta” por 8,39€ en formato Blue-Ray.

En 2015 el director Kenneth Branagh dotó de carne y hueso a esta princesa Disney, a quien dio vida la actriz Lily James. El director ha sido fiel a la historia de dibujos animados, modificando pequeñas secuencias para lograr una historia más realista. En DVDGo puedes adquirir “La Cenicienta” por 18,95€ en carne y hueso.

Clásicos Disney: “Alicia en el País de las Maravillas”

Un día aburrido como tantos otros, Alicia se duerme y de este modo entra en el País de las Maravillas de la mano del Conejo Blanco. Allí conocerá a la Falsa Tortuga, la Reina de Corazones, el Gato de Chester, la Duquesa, el Sombrerero Loco o la Liebre de Marzo, entre muchos otros personajes fantásticos con los que vivirá aventuras de lo más variopintas. Hazte con el DVD de “Alicia en el País de las Maravillas” por 6,99€.

En 2010, Tim Burton nos trajo a Alicia a su particular mundo de carne y hueso. Johnny Depp se convierte en el Sombrerero Loco y Mia Wasikowska en Alicia, que vuelve al mundo mágico donde se adentró siendo niña para reunirse con sus antiguos amigos. El conejo blanco (Michael Sheen), la Reina Blanca (Anne Hathaway), la jota de corazones (Crispin Glover) y el gato de Cheshire (Stephen Fry) se cruzan de nuevo en el viaje fantástico de Alicia, quien tiene el propósito de poner fin al reinado de terror de la Reina Roja (Helena Bonham Carter). Amazon te ofrece “Alicia en el País de las Maravillas” por 4,89€.

Clásicos Disney: “101 dálmatas”

Pongo y Perdita, los dálmatas protagonistas, son una feliz pareja canina que vive rodeada de sus cachorros y con sus amos Roger y Anita. Pero su felicidad está amenazada. Cruella de Ville, una pérfida mujer que vive en una gran mansión y adora los abrigos de pieles, se entera de que los protagonistas tienen quince cachorros dálmatas. Entonces, la idea de secuestrarlos para hacerse un exclusivo abrigo de pieles se convierte en una obsesión enfermiza. Para hacer realidad su sueño contrata a dos ladrones. Compra “101 dálmatas” por 16,90€ en eBay.

En 1997, Stephen Herek dirigió esta película en carne y hueso. También puedes hacerte con “101 dálmatas” por 14,95€ y meterlos en tu casa de la manera más real posible.

Clásicos Disney: “Peter Pan”

Wendy y sus hermanos viven fantásticas aventuras cuando Peter Pan, el héroe de sus cuentos, les guía hacia el mágico mundo de Nunca Jamás junto a su inseparable Campanilla. En su viaje a “la segunda estrella a la derecha”, conoce la guarida secreta de Peter y a los traviesos Niños Perdidos y tienen que enfrentarse con el famoso Capitán Garfio y sus piratas. Consigue el DVD de “Peter Pan” por 10,99€ en Media Markt.

Si prefieres una versión más real, hazte con “Pan, viaje a Nunca jamás” por 9,99€. Se trata de la versión en carne y hueso de este maravilloso clásico de Disney que no te dejará indiferente.

Clásicos Disney: “El libro de la selva”

Cuenta la historia de Mowgli, un niño de dos años que es abandonado en mitad de la selva cuando sus padres mueren. La pantera Bagheera encuentra al niño y decide llevárselo a una familia de lobos para que lo cuide. Los lobos aceptan al niño como uno más de la familia y es educado como un auténtico animal. El tiempo pasa y Mowgli crece. Éste conoce la selva como la palma de su mano, algo que le hace desenvolverse sin problemas en un mundo, únicamente, para animales. “El libro de la selva” puede ser tuyo por 8,39€ en Blue-Ray.

O bien, puedes optar por actores de carne y hueso en este “Libro de la selva” por 12,59€. Los actores Neel Sethi, Ben Kingsley, Bill Murray y Scarlett Johansson dan vida a esta adaptación.

¿Las has visto todas? Estos clásicos de Disney son dignos de estar en tu salón ¡hazte con toda la colección!

Por qué no debes perderte las dos últimas películas de Star Wars

Ya son siete entregas de la Guerra de las Galaxias pero parece que el universo Star Wars no cesa. Según sus creadores, solo faltan las dos últimas películas de Star Wars para poner el punto y final a una saga que empezó en 1977 con el estreno del episodio IV ‘Una nueva esperanza’. Desde entonces Star Wars no ha parado de crecer y de crear adeptos estreno tras estreno. Puedes encontrar la saga completa en este enlace.

Esperando ya las últimas dos cintas – Episodio VIII Y IX- de Disney, te vamos a contar porque no debes perderte el final de una galaxia que creó hace más de 30 años George Lucas y que ya ha batido todos los récords. Estos son los motivos por los que debes ver las últimas películas de Star Wars.

Por todo lo que ya ha conseguido

No quedan calificativos para hablar las cifras de Star Wars. Sencillamente lo hacen por sí solas. Si la película original (1977) recaudó 1.400 millones de euros solo hay que imaginar el resto. No es de extrañar, por ejemplo, que Episodio II fuera la película más comentada del año en Facebook con 53 millones de personas.

Detrás de ello no hay más que trabajo. Una labor reconocida por todos los expertos. Sumando todos los episodios, ‘Star Wars’ concentra 30 nominaciones a los Oscar. De esta treintena de oportunidades se ha llevado 7 galardones.

Por todo ello Star Wars es sinónimo de éxito. Eso mismo pensó la factoría Disney cuando compró hace un par de años Lucasfilm por 4.000 millones de dólares.

Por sus efectos especiales

Ya hemos visto como el director de “The Force Awakens”, J.J. Abrams, ha sido aclamado por fanáticos por su éxito taquillero y revivir una de las historias más queridas por el público. Además, hay que recordar que el propietario de la productora de cine Bad Robot Productions, también es famoso por ser el director de las dos primeras nuevas películas de Star Trek.

Sin embargo, si hablamos de la magia de Star Wars hay que mencionar sus efectos especiales, un aspecto siempre vanguardista en estas películas. Aquí puedes ver como se elaboró el Episodio III.

Por los desenlaces

El Episodio VII nos muestra muchas nuevas piezas, pero todas ellas sueltas. Hay historias que se entrelazan, algunas que reaparecen en el pasado y nuevas, que nacen y se desarrollarán posteriormente en las dos últimas películas de Star Wars.

¿Quienes eran los padres de Anakin? ¿Para que está Kylor Ren en el lado oscuro? ¿Por qué Luke Skywalker estaba desaparecido hasta el final del Episodio VII? ¿Se convirtió en un sith cómo su padre? Pero sobre todo la duda principal gira en torno a Snoke, el nuevo líder supremo del lado oscuro. Una de las teorías que cobra más fuerzas es que Snoke podría ser Darth Plaguius, un personaje que ya es mencionado en otras películas pero que no llega a aparecer de manera explícita. Todas estas incógnitas se despejarán en las dos últimas películas de Star Wars.

Últimas películas de Star Wars : nuevos personajes

Daisy Ridley. Es la protagonista la nueva saga. Le acompañarán durante las siguientes películas un pequeño androide, BB8. Después lo hará Finn y juntos darán inicio a la nueva aventura.

Finn. Un bicho raro dentro del mundo Star Wars. No obstante, parece ser uno de los personajes que más evoluciona. Lo conocemos como soldado de la Resistencia pero pronto vemos como cambia de bando.

Kylor Ren. Es sin duda el villano de ‘El Despertar de la Fuerza’ y lo será también de las dos últimas películas de Star Wars. Le caracteriza su presencia, poder y personalidad. Y eso que no lo tenía fácil, dado que la sombra de Darth Vader es alargada. Posiblemente este último haya sido uno de los mejores villanos de la historia del séptimo arte.

Poe Dameron. La Resistencia cuenta con un avezado piloto, experto en piruetas y derribar naves enemigas. Poe es un líder aéreo con carisma pero además, también es el “protector” del simpático androide BB8. Poe coordina los ataques desde el Escuadrón Negro de cazas modelo T-70 y tiene buenas secuencias en ‘El Despertar de la Fuerza’.

Por su banda sonora

Nacido en 1932 -ahora mismo tiene 84 años-, John Williams es el creador de la BSO de la Guerra de las Galaxias. Una compilación de canciones que todo el mundo ha escuchado alguna vez y que, cuando lo vuelve hacer, no puede evitar volver a pensar en cualquiera de las entregas de la Guerra de las Galaxias.

Algunas de las melodías más famosas de la historia del cine, como Superman, E.T. el extraterrestre, Indiana Jones o las primeras tres entregas de Harry Potter, son obra de este compositor. Precisamente algunos cinéfilos apuntan que hay muchas similitudes entre el universo de Star Wars y el de Harry Potter.

Por todo lo que genera

El universo Star Wars es infinito. Gran parte de la marea de cifras astronómicas son por su fabuloso merchandising.

Los expertos aseguran que hay más de 140 videojuegos de Star Wars. Obviamente todas las casas de consolas tienen alguno de ellos. El último de todos es Star Wars Battlefront, que puedes adquirir aquí.

Entre el resto de merchandising se pueden encontrar tazas, peluches o figuras. Otro de los materiales de coleccionista que triunfa son las espadas láser.

Porque no son solo dos películas

Esta vez, entre las dos últimas películas de Star Wars hay algo más. Después de un año de su regreso a la gran pantalla, Disney prepara una obra especial: Rogue One, una película independiente que no se enclava en ninguno de los episodios y que persigue explicar todas las intrahistorias de la Guerra de las Galaxias.

Por sus parodias

Los veintiocho años de diferencia entre ‘Una nueva esperanza’ y la nueva saga han dado para mucho. Anuncios, famosos y otras series de televisión han hecho referencia a Star Wars en alguna ocasión. Estas son las que más me han gustado.

Los Simpsons. En la temporada 18, Bart y Skinner tienen una pelea con una recreación de Star Wars Episodio III. Al mismo tiempo se oye la famosa canción de fondo Duel of the Fates.

Lego. La marca de juguetes danesa ha querido hacer referencia en multitud de ocasiones a Star Wars. De hecho, la compañía tiene un parque temático, Legoland,  en el que dedica parte de su decorado a las obras. Esta vez ha realizado su propio tráiler del VII episodio. Aquí está:

Hasta aquí nuestro post de hoy sobre las razones para no perderse las dos últimas películas de Star Wars. ¿Y tú? ¿Cuántas entregas has visto? ¿Cuál ha sido la que más te ha gustado? Déjanos tus impresiones en los comentarios.

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